Happy First Year!

Pues sí. Parece que los sueños se hacen realidad. Hace exactamente un año estaba escribiendo el primer post de este blog. El que haya conseguido sobrevivir hasta hoy no me llena de orgullo y satisfacción aunque sí es un logro a subrayar del pasado 2014.
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Y la vida sigue. Sigue para que la disfrutemos día a día, sin obsesionarnos con el futuro. Sigue para exprimirse todo el jugo y no dejar nada para mañana. Boicot a la procastinación.

El autorretrato (que no selfie) que protagoniza este post deprimer aniversario es la primera imagen de la serie titulada “Mi palo y yo”. Cierto, yo también caí en la compra del “palo de los selfies”, anteriormente conocido como monopié para dispositivos móviles. Y estoy decidida a amortizarlo con creces.

No tengo propósitos de año nuevo. Las buenas intenciones para los blandos de espíritu.

Yo tengo un plan para 2015: Ser feliz.

Volver: El triángulo escaleno

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Siempre se puede tener razones para volver. Los buenos amigos son una de ellas, sobre todo si puedes contarle al mundo que están un poquito más cerca de alcanzar un sueño. Para poder decir lo orgullosa que te sientes y toda la suerte que tienes por tenerlos a tu lado. Eso es lo que a mí me pasa con David Fernández-Cañaveral.

Cuando coincidimos en la facultad poco podría imaginar que nuestros caminos se entrelazarían de la manera en que lo han hecho. Aparentemente, teníamos muy poco que ver el uno con el otro. Es cierto, las apariencias engañan porque David es una de las personas esenciales en mi vida. Pero hoy no estoy aquí para hablar de mí sino de él.

Hoy es un día importante porque se publica su primera novela, El triángulo escaleno, después de un largo proceso de creación, escritura, corrección y edición, aunque es bastante más veraz decir auto edición. Sin entrar en consideraciones sobre la situación del sector editorial de nuestro país, David no se achantó cuando no obtuvo respuestas por parte de las editoriales convencionales. Daba igual que no tuvieran interés por su novela. El triángulo escaleno vería la luz. Los lectores tendrían la oportunidad de ponerlo en su haber y colocarlo orgullosos en la librería de sus salones, despachos o dormitorios.

Pero, ¿Qué cuenta El triángulo escaleno? Es una novela de fantasía que utiliza el reencuentro de una constelación de almas en tres reencarnaciones diferentes: una en 2007, otra en el siglo XV y otra en el futuro, en el 2403 para construir una trama muy bien armada con personajes y elementos narrativos poderosos. El triángulo escaleno es la historia de dos hermanos cuyo destino está inevitablemente cruzado a pesar de la distancia interpuesta entre ellos. Nos habla de la lucha y el sacrificio de una madre dispuesta a todo por salvar a su familia.

Gracias a El triángulo escaleno he podido sumergirme en un universo fantástico que dista mucho de las historias de dragones y princesas, de naves espaciales y territorios extra planetarios. Su universo es más cercano, un terreno fácilmente reconocible para una lectora poco ducha en el género y no por esto poseedor de menor fantasía. Aunque he de confesarles que, para mi, la verdadera magia de la novela reside en los personajes. Las relaciones establecidas entre ellos nos hablan mucho acerca de la naturaleza del ser humano.

Y, además, es una historia sobre la eterna lucha del bien contra el mal. ¿Qué más se le puede pedir a una novela?

 

 

Os dejo un enlace directo al blog del autor. Regalar cultura es una muy buena idea siempre. #UnlibroParaNavidad

 

 

Confía

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Somos seres sociales. Necesitamos de los demás. Que no te la den con patatas los libros de autoayuda. Aunque el poder esté dentro de ti, no viene mal una mano amiga que te lo recuerde de vez en cuando.

Romance

Rompió a llorar.

-No es verdad. Yo no soy así.

-Venga, ¿a quién pretendes engañar? Tú eres un ser romántico por mucho que lo niegues.

-No. Ser romántico te hace débil. No quiero ser débil.

-No me vendas esa moto de la debilidad. Eres fuerte cuando te muestras sin trucos, sin escudos, sin máscaras que escondan lo auténtico. Sin miedo

No contestó. No merecía la pena perderse en toda aquella palabrería vacía de sentido. Uno puede decidir qué ser en esta vida. Y hacía bastante tiempo que había desechado el romanticismo como adjetivo para definirse. Precisamente por esta razón le fastidiaba que le vinieran con “Si en el fondo eres una romántica, aunque vayas de tipa dura”. No, no no y mil veces no.
Sólo era una mujer. Sin más. No había leído 50 sombras de Grey, no esperaba que vinieran a rescatarla a lomos de un corcel blanco y ni siquiera estaba intentando buscar a Harry.
El hecho de ser joven y de estar en edad fértil no es vinculante con el deseo de tener un idilio. ¿O sí?

Tocayos

Tocayos

La vida nos regala instantes hermosos. Muchos de ellos se esconden en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo sencillo, en la rutina. ¿O será el empeño en encontrar lo extraordinario lo que nos hace perdérnoslos?

De vuelta de nuevo

Esto me pasa por procastinar. Dando vueltas todo agosto a cómo retomar el blog en septiembre con empuje, por todo lo alto. Vueltas y más vueltas sin concretar. Sin fijar un objetivo. Repitiéndome como un mantra “Demuéstrate de lo que eres capaz”.

Pero claro lo del mantra sin acción… Mal final. Se acabaron las vacaciones y en lugar de depresión se me viene encima la ansiedad del que sabe que ha derrochado tiempo sin conocimiento y ha convertido sus responsabilidades en “paluegos”.

Menos mal que en esta comprometida situación, ha llegado una luz en forma de instantánea. Un chascarrillo tuitero que merece toda la deferencia y boato que le podemos dar en este humilde blog.

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Como ven, no soy la única que vuelve al cole. El día 1 de septiembre Ana Rosa Quintana estrenaba temporada en uno de los destinos más hot del planeta: Gaza. Sí, allí mismo tomando el pulso a la realidad, en el corazón de la noticia, Ana Rosa y todo su equipo nos regaló esta memorable imagen y el glorioso grafismo.

Drama: Con tanto polvo sólo puedes ponerte ropa beige

Ana Rosa Quintana, visionaria del periodismo.

Nos vemos en septiembre

¡Qué de tiempo!

Camina por la calle deprisa, con pisada rotunda, con el paso de la que se sabe triunfadora. Chequea el móvil antes de guardarlo en el carísimo bolso que se regaló cuando descubrió los cuernos superlativos del entonces su marido. Nunca dilapidar unos ahorros habían generado tanta satisfacción.
Entra en la peluquería. Cita de pedicura. Se sienta a esperar hojeando una revista. Repasa mentalmente los puntos que deberá tratar en la presentación de la campaña con ese cliente tan soplapollas. Se levanta al escuchar su nombre y se dirige a la cabina de estética.

– Las uñas las quiero en coral y…
– ¡No me lo puedo creer! ¡Eres tú! ¡Cuánto tiempo!

Baja la vista y reconoce al instante quien le habla. El inconfundible rostro de la matona de su clase de primaria le mira como si fuera una aparición.

– ¡Vaya, qué de tiempo, sí! No te había reconocido. Estás muy cambiada…
– Tú sí que estás irreconocible, chica. Pareces una ministra por lo menos. ¿Cómo te va?
– Bueno… no me quejo. Fui a la universidad, hice un master, conseguí un buen puesto… me casé…
– ¿En serio quieres el coral? Te quedarán mucho mejor en rojo, dónde va a parar. El coral es muy soso, y de pijas

Respira profundamente. Lo que le faltaba hoy. Escuchar consejitos de choni esteticien de la tía que le había aterrorizado en el colegio.

-Haz una prueba en un dedo para ver como queda… ¿Y a ti? ¿Cómo te va?
– Desde luego no tan bien como a ti. No terminé el instituto, lo de estudiar no me iba una mierda. Desbarré mucho durante unos años, de fiesta en fiesta ¡qué tiempos! Pero me di cuenta que algo de provecho tenía que hacer en esta vida, así que me apunté a estudiar de nuevo peluquería y estética que lo de maquearme siempre me había molado. Y aquí estoy, currando en este sitio finolis…. Mucho mejor de rojo, mira

Las uñas de los dos pies pintadas de rojo.

– Pero te dije que hicieras una prueba antes…
– Claro, y como he visto que quedaba bien, he seguido. Seguro que esta noche tu marido flipa.
– Me estoy divorciando.
– Vaya, lo siento, qué bocas soy. Aunque en ese caso mejor me lo pones para dejarte el rojo, es mucho más sexy, donde va a dar…

Sale de la peluquería con uñas rojo sangre sintiéndose una mujer de mala vida. Camina como de puntillas, intentando que nadie note su presencia, haciéndola mucho más patente sin embargo. Se sabe una perdedora con delirios de grandeza, aunque no lo reconocerá ni torturándola.

Y así piensa seguir su anodina existencia.

Mujer caracol

Todo el día con la casa a cuestas. Prepáralo todo por la noche no sea que te dejes algo: el bolso, el tupper, el cepillo de dientes, el peine… una muda limpia por lo que pueda ocurrir. ¿Te vas de viaje? Qué va, sólo a trabajar. A dos horas de mi casa. Jornada partida con dos horas para comer fuera aunque, en realidad, deguste las lentejas de mi madre en mi escritorio recalentadas en el microondas que algún iluminado puso en la oficina para calentar el café. Tiempo empleado: entre 10 y 20 minutos.
Mi compañera, mujer caracol como yo me propone ir a tomar el café fuera y dar una vuelta por la tienda de chuminadas que hay abajo de la oficina; total, sólo nos queda una hora cuarenta para volver al tajo. Accedo. Aún estamos a principios de mes, el café aún es un capricho asequible.
Bajamos al bar y el camarero nos sirve un delicioso café y nos regala su mejor sonrisa.
“Cafelillo para las chicas más guapas del edificio”
Anda, que eso se lo dices a todas, adulador. Mientras disfrutamos del momento mi compañera intenta recomponer su tetris vital. A ver si hoy puede llegar a casa antes de que su pequeña se haya dormido…
Lo sé yo también me lo pregunto: “¿conciliaqué?

Summertime

Es una verdadera putada quedarse en paro el 30 de junio. Para cuando consigues reaccionar, ya está todo el pescado laboral vendido. Los empleos “estacionales” están ya asignados. Es vox populi lo difícil que es encontrar un trabajo durante el verano. Todos los gurús de la búsqueda de trabajo ya han escrito millones de palabras en posts disertando sobre esta inoportuna inconveniencia. No seré yo la que atorrone al personal.

Este post es un desahogo, una exteriorización de las emociones que circulan por este espíritu. Un pequeño reto que me impongo a mí misma. Buscar el enfoque positivo a la bonita situación en la que me encuentro.  Sonreír, poner al mal tiempo buena cara, buscar el lado bueno de vivir… No se admiten quejas. Son para seres débiles, sin coraje ni determinación. Además que pierdes un tiempo valiosísimo mientras te compadeces de ti mismo por lo injusto que es tu karma. Si tú no has hecho nada para merecer esto, no sé qué narices haces lloriqueando en vez de enseñarle al karma la verdadera senda.

Lo sé, es muy tentador hacerse un ovillo y lamerse la heridas con cara de no haber roto un plato en tu vida. ¿Qué habrá cambiado después de la ración de autocompasión? Espera, déjame adivinar… seguramente que lo más probable es que sea NADA. Seguirás en el mismo sitio con menos tiempo y con la fuerte tentación de volver al ovillo al descubrir tu realidad lamentable. Por si no lo has entendido, el ovillo se convierte en una espiral de pseudo huída, de la que no conseguirás ninguna respuestas y sí remordimientos sazonados con fuertes dolores de cabeza.

Amigos, esto es el libre albedrío. La capacidad que tenemos como seres para elegir nuestro destino. La libertad para ser ovillos o dueños de nuestras decisiones. Decidir y asumir las consecuencias. Por ejemplo:

Estás sentada delante del televisor y los hermanos festivaleros emprendedores del anuncio de la Estrella Damm te cantan. La canción se mete en tu cabeza:

- “If you wanna come back, it’s all right…”

¡Claro! ¿Quién no volvería al chiringo cooltureta de los hermanos buenorros? Aunque odies la cerveza. Aunque las calas escondidas llenas de modernos te produzcan un sarpullido. El chiringuito festivalero es una bonita metáfora de la gran recompensa que te da la constancia y mantenerte firme a la hora de conseguir lo que te propones; sumado a que es mucho mejor si lo compartes con los que tienes a tu alrededor.

Este verano vuelvo a estar en paro. Buscaré trabajo. Escribiré. Tomaré fotos. Daré rienda suelta a mi libre albedrío.

Nada impedirá que baile en mi chiringuito festivalero.

 

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