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Manifiesto Blog

Quiero ser la alegría de lo inesperado. Quiero hablar de las imágenes que pasan por mi cabeza; de esas historias que, por fin, no tengo ningún miedo a compartir con el resto del mundo. No sé realmente si soy o no ocurrente. La gente ríe de vez en cuando con las cosas que digo y por cómo las digo. Puede que sea un buen comienzo. Quiero contarle al mundo mi existencia porque me siento muy orgullosa de ella. Es algo que no había sentido hasta ahora;  y, contra todo pronóstico, me encanta.

Sexo en Nueva York es una de mis series favoritas. Tiene glamour, vestuario de diseñador, protagonistas ricas y sofisticadas, tíos de infarto y un gran final feliz. Me encanta, muy a pesar de que todo es un cliché. De principio a fin. Una gran gama de estereotipos que ni siquiera se corresponden a mi propia realidad. Pero me encanta. Supongo que lo me atrajo fue precisamente eso, lo alejada que estaba de mí. Se convirtió en un respiro y en una quimera, en una huida más. Llevar la piel y los manolos de Carrie era mucho más apetecible que los zapatos planos de Pilar.

Hubo un tiempo en que el que habría dado mi reino por ser como Carrie. Fantaseaba conmigo y mis amigas de la facultad. Éramos cuatro jovencitas con demasiados pájaros en la cabeza. En concreto yo era la que tenía la pajarera mayor. Menos mal que los liberé. Los pobres pájaros estaban hasta el gorro de aguantarme. Lo único que conservo de aquellos días es una afirmación: El mundo en el que me ha tocado vivir se vanagloria de estar ultraconectado y se autodefine como el mundo de la información y la comunicación. Sin embargo, yo siento que los individuos, lejos de esta conexión extraordinaria, viven cada vez más aislados de su realidad. Se pasan el día observando la evolución de su propio ombligo sin prestar la más mínima atención a aquello que no tenga que ver directamente con ellos mismos. Como consecuencia directa, la empatía, esa capacidad para ponerse en el lugar del otro, es un valor a la baja. Cada vez estamos más solos y cada vez le damos menos importancia a esta evidencia. Cada vez, con más frecuencia, te toca relacionarte con seres y humanos.

Hay algo que es una gran verdad. Gracias a la superficial Sexo en Nueva York supe que me gustaban las personas por encima de todo. Supe que no hay nada más apasionante que las relaciones que se establecen entre seres: humanos o no. Supe que, pase lo que pase, siempre puedes tener a alguien a tu lado dispuesto a echarte un cable, aunque sea al cuello. Da igual que sea tu ligue, tu novio, tu prometido, tu amigo gay o tu amiga. Siempre hay alguien con quien compartir emociones. Supe que se puede encontrar el amor. Lo de desmontar al príncipe azul llegó más tarde…

Carrie Bradshaw me enseñó que puedo ser una mujer a la que le encanta cocinar, hacerse ella misma la ropa, preparar pasteles y magdalenas y, aún así, seguir siendo fabulosa.

Carrie me hizo soñar con tener un vestidor de mujer económicamente independiente. Si eso me convierte en una fashion victim, llevaré con orgullo la etiqueta.

¡Ah! Y las posibilidades del horno como almacenaje de prendas. Porque sentí la misma cantidad de fascinación y de horror cuando la escuché confesar que utilizaba el horno para guardar jerseis.

Y sí, Esto no es Sexo en Nueva York pero ¿realmente hace falta?

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