Monthly Archives: febrero 2014

Intenso

Las limpiezas de cuarto pueden darte grandes sorpresas. Tesoros que ocultaste en otro tiempo salen a la luz por alguna inexplicable razón. Casualidad o no, te topas con trocitos de tu pasado que te llevan con ellos aunque sólo sea un instante.

Y un cuaderno azul me transportó a 1998:

“No te engaño; me da miedo enseñar
las grietas que hay en mi alma.
No quisiera que descubrieras mi dolor
por tantos amores sin destino alguno.
Tú, que me has dado vida con tus besos,
noche mágica en la que me los diste uno a uno.
No sé si quieres mis amargos deseos;
amargos de estar guardados milenios.
¿Has venido a desenterrar la caja
del amor, del odio o de simple amistad?
Rígida estatua de sal, no mires atrás,
el pasado no podrá darte vida mi amor
el futuro abre tus puertas olvidadas
acógelo o muere en tu absurdo rencor”

Hay que ver lo intensitos que nos ponen las hormonas. He olvidado cuál era el contexto del momento de este “poema”. Afortunadamente para mí. Tal cantidad de drama existencial mataría una manada de elefantes.
El caso es que al leer esta joyita me he dado cuenta de algo importante, al menos para mí. La edad, la madurez o vete tú a saber qué me han dado una gran capacidad para reírme de mí misma. Y sólo por eso ha merecido la pena

En el cuaderno azul queda algún tesoro más; así que puedo decir eso de “Continuará…”

O no. ¿Quién sabe?

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Instagram

Él terminó su relación por whatsapp. Dos horas antes de su cita. Ella no se lo podía creer. No se explicaba cómo había podido tener tan poca clase. El intrépido soltero que lo había dejado todo por ser cocinero había resultado un vulgar capullo, del montón. Capullo y cobarde.
Hubiera sido todo un detalle por su parte afrontarlo como el adulto que se suponía que era.
De acuerdo, ella no era inocente. Tenía esa dichosa manía de disfrazar su inseguridad en cortante frialdad; de esconder su pánico detrás de la altivez que en ocasiones poseía su rostro. Y con esa misma dignidad encajó el golpe que le llegó directo de su smartphone.
Semanas más tarde, ella descubrió una foto en Instagram: una mesa para dos dispuesta con una opípara cena y un cartelito cursi sobre las bondades de un novio cocinero. Sí, él había subido la foto. Para la sonriente rubia de grandes perlas que sonreía provocadora mientras simulaba pinchar un bocado.
Ese fue el golpe de gracia. Ahora todo estaba meridianamente claro. Ella había sido elegida la rival más débil del harem del intrépido capullo. No pudo evitar sentir la furia dentro del estómago.
Puede que su hipótesis fuera cierta. Puede que no. Puede existir el harem o simplemente que todo sea una serie de casualidades. Y pensándolo con cierta distancia ¿Qué se podía esperar de un ser que afronta las dificultades parapetado detrás de su smartphone?
Querida ella, en argentino: “No sos vos, es el boludo pelotudo de él”

Cojos, mentirosos y otros seres

Ay señor ministro, qué disgusto más grande ¡Yo que le tenía a usted por un hombre de bien! Si no quería ir a la gala de los Goya, debería haber alguna razón algo más convincente o menos comprobable, como que tenía usted un pollo en el horno; o que tenía que consolar a su apenada esposa porque el perro se había comido su primer Loewe. En cambio, usted decidió marcarse una jornada de absentismo laboral flagrante, con el consiguiente cuelgue de sambenito de “cobarde embustero”. ¿Nunca le dijeron en el cole que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo?
Menos mal que su compañera de partido ya ha salido a defenderle. Esto de los Goya es un encuentro de rojillos donde se aprovecha la coyuntura para poner a parir al PP y no denunciar cosas importantes como, por ejemplo, ETA. Además, la cultura no sólo son actores… esa raza cruel. Y parece que fue ayer cuando vimos a Jose Luis Borau, actor de reconocida carrera internacional (modo ironic on) plantado en el escenario exhibiendo unas manos blancas en alto. Pero… ¿No era esta señora ministra de Cultura en aquellos maravillosos años? Pues eso. Ya lo decía mi abuela. No escupas al cielo, que te caerá en la frente.

Esperanza

 

Sabes que hay esperanza para la igualdad cuando te chocas con un padre que se lleva a su hija pequeña a protestar en contra de la reforma del aborto. Podremos.

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