Monthly Archives: mayo 2014

Cautiva y desarmada

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Semana dura. Los últimos coletazos del mes pretenden liquidarme pero yo me resisto. No es una opción rendirse; ni siquiera es una posibilidad. Aunque cautiva y desarmada, seguiré dando guerra. Eso es para lo que vine y eso será lo que haga.

Disculpen la brevedad. Buenas noches.

Pequeños tesoros

La felicidad y la belleza de la vida se encuentra en los detalles, en lo pequeño aunque importante; en los tesoros donde depositamos nuestra esencia.
Los tocados son un buen ejemplo de pequeño tesoro que alberga parte de la identidad de quien lo lleva. No hay dos iguales, como no hay dos mujeres iguales. Y este hecho me parece algo extraordinario.
Puede que sólo sea la percepción de una chiflada fetichista de este accesorio femenino. Puede que el resurgimiento del tocado tenga que ver con criterios comerciales y no con la búsqueda de señas de identidad, de la diferenciación a través de lo estético.
Debo dar las gracias a Marta por darme el permiso para acompañar esta reflexión de final de día con una imagen de su precioso tocado. Su creadora es Olivilla, a la que también quiero dar las gracias por poner su buen hacer al servicio de los pequeños tesoros que son los tocados

Tarde de trajes

Tarde tonta en Plaza España

 

Plaza de España, Madrid. Una tarde cualquiera de mayo. Dos muchachos sentados en el césped confeccionan trajes a los viandantes.

Chico 1: Vaya tres pata pa’ un banco…

Chico 2: Modernas de bolera…

Y, de repente, sin avisar.

Chico 2: ¡Ay! Ay, ay, ay, ay, ay, un bicho, ¡Un bichoooooooo!

Chico 1: ¿Pero qué dices loca de la colina?

Chico 2: Sí, sí, sí, un bicho de estos feos y malos… ¿cómo se dice?… ¡Una alcaparra!

Chico 1: ¿¿Una alcaparra??

Chico 2: ¡Qué sí hombre! Un bicho de ésos que es como un piojo pero distinto…

Chico 1: Una pulga, entonces.

Chico 2: Nooooo, una pulga no es. Una alcaparra… o “gaparrata”… o una “rapalgata”…

Chico 1: Pues una “rapalgata”, qué más da.

Callan. Vuelven a su sastrería oral, mientras los contemplo fascinada. Fue una pena no poder escuchar el patrón que me tenían asignado nada más levantarme de mi sitio.

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