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Mujer caracol

Todo el día con la casa a cuestas. Prepáralo todo por la noche no sea que te dejes algo: el bolso, el tupper, el cepillo de dientes, el peine… una muda limpia por lo que pueda ocurrir. ¿Te vas de viaje? Qué va, sólo a trabajar. A dos horas de mi casa. Jornada partida con dos horas para comer fuera aunque, en realidad, deguste las lentejas de mi madre en mi escritorio recalentadas en el microondas que algún iluminado puso en la oficina para calentar el café. Tiempo empleado: entre 10 y 20 minutos.
Mi compañera, mujer caracol como yo me propone ir a tomar el café fuera y dar una vuelta por la tienda de chuminadas que hay abajo de la oficina; total, sólo nos queda una hora cuarenta para volver al tajo. Accedo. Aún estamos a principios de mes, el café aún es un capricho asequible.
Bajamos al bar y el camarero nos sirve un delicioso café y nos regala su mejor sonrisa.
“Cafelillo para las chicas más guapas del edificio”
Anda, que eso se lo dices a todas, adulador. Mientras disfrutamos del momento mi compañera intenta recomponer su tetris vital. A ver si hoy puede llegar a casa antes de que su pequeña se haya dormido…
Lo sé yo también me lo pregunto: “¿conciliaqué?

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