Category Archive: Carmen y citas

El Perfil

Ya está. He conseguido reunir el valor suficiente. Llevaba varios meses dándole vueltas, después del resacón de la no boda de Marga, había dejado correr los días sin tomar la iniciativa. Varios meses en lo que me dediqué a llenar mi cabeza de argumentos a favor; excusas y prejuicios en contra. 

– “No tiene nada de malo”.
– “No pierdes nada por intentarlo. Si acaso, un par de horas, tú decides cuánto y cuándo”.
–  “Es algo que cada vez hace más gente”.
– “Cada vez hay más gente desesperada”.
 
He de decir ¿en mi favor? que nunca fui muy pro ligando. Unas veces era debido a las circunstancias, y otras veces las circunstancias me mandaban lejos porque ya estaban hartas de cargar con mi responsabilidad. Ya tuve una tentativa a finales del 2012. Con aquello de que los mayas habían anunciado el fin del mundo; me entró el canguelo de asistir a semejante evento sola. Pero ya se sabe que muerto el perro, se acabó la rabia. Así que olvidé la idea de hacerme un perfil en una página de contactos y búsqueda de pareja hasta que mi amiga Marga se quedó plantada cual patata en el altar.
 
Sí, sí, una de esas webs o app en las que los seres, humanos o no, buscan a su media naranja, un polvo cada noche, un compañero de aventuras, conocer gente con la que poder ir al Expo Cómic disfrazado de tortuga ninja… 

Ya me lo decía mi abuela: “Carmencita hija, hay gente pa’ tó”. Cuánta sabiduría en un chascarrillo.
 
Y aquí estoy, frente a la pantalla, rellenando un formulario interminable acerca de mí, mis gustos, mis fobias, mi perspectivas de futuro, mi pareja ideal, mi intimidad mejor guardada. Menos mal que el apartado preferencias delictivas lo han dejado a gusto del consumidor.  
 
Pues esta es mi historia. Lo que pasase después del fin del mundo maya era incierto, como conseguir un “alguien” antes de aquella fecha. Aunque también lo es la vida dentro de dos horas. Incluso en los próximos cinco minutos. 
 
En fin, ¿Por qué no?

Una boda

Toda historia tiene un comienzo. Ésta, en concreto, empezó en una boda. Siendo fieles a la verdad, una no boda.
Todo estaba dispuesto. Marga había estado los últimos veintiséis años milimetrando cada detalle del momento más feliz de su vida. Sin embargo, algo se le pasó por alto. Un pequeño detalle que acabó estallando en el comienzo de la ceremonia. 
Pedro, el prometido de Marga, estaba esperando en el altar con los ojillos brillantes de quién está reteniendo las lágrimas. Cuando la novia entró en la iglesia, supo que sería la última oportunidad. Si no era entonces, no sería nunca. Marga llegó hasta él sonriente, triunfante, esplendorosa. Pedro no pudo más.

– No puedo.

La sonrisa de Marga enmudeció.
 
– ¿Cómo que no puedes? ¿A qué viene eso ahora?
 
– Es… esto… es… complicado…
 
– Anda, no me vaciles tontorrón
 
Y no la estaba vacilando. 
 
Pedro salió corriendo hacia la puerta de la iglesia, recordando que se había dejado el pollo en el horno. Un pollo de nombre Alejandro y nacionalidad griega al que había conocido en el último proyecto que había realizado en el trabajo. Alejandro había abierto de par en par las puertas del armario para librar a Pedro de las polillas sentimentales que lo estaban comiendo durante casi ocho años de relación con Marga. Aquello sólo pudo acabar de una manera: Pedro, emulando a Julia Roberts, se marcó un novio a la fuga del que seguramente aún están hablando las parroquianas de la iglesia. 
 
En calidad de mejor amiga de la novia, yo presencié aquella huída desde primera línea. Aún recuerdo la cara de la suegra de Marga justo antes de desmayarse. Un poema. Marga se quedó de piedra inmóvil ante el altar, dejando caer el bouquet de rosas bajo sus pies. El padre del novio gritó “Pedrooooooooo” a lo Penélope Cruz. El resto de los invitados miraban con cara de circunstancias hacia el lugar menos incómodo para cada cual. 
 
Y llaménme egocéntrica, pero todo ese caos tenía un fin. Todo aquel sindios se había organizando para hacerme llegar un mensaje de gran importancia vital. “Carmen, si esto ha salido mal, cualquier cosa puede salir bien”
 
Aquella misma noche me hice un perfil en una página de búsqueda de pareja.

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