Category Archive: Profession

Volver: El triángulo escaleno

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Siempre se puede tener razones para volver. Los buenos amigos son una de ellas, sobre todo si puedes contarle al mundo que están un poquito más cerca de alcanzar un sueño. Para poder decir lo orgullosa que te sientes y toda la suerte que tienes por tenerlos a tu lado. Eso es lo que a mí me pasa con David Fernández-Cañaveral.

Cuando coincidimos en la facultad poco podría imaginar que nuestros caminos se entrelazarían de la manera en que lo han hecho. Aparentemente, teníamos muy poco que ver el uno con el otro. Es cierto, las apariencias engañan porque David es una de las personas esenciales en mi vida. Pero hoy no estoy aquí para hablar de mí sino de él.

Hoy es un día importante porque se publica su primera novela, El triángulo escaleno, después de un largo proceso de creación, escritura, corrección y edición, aunque es bastante más veraz decir auto edición. Sin entrar en consideraciones sobre la situación del sector editorial de nuestro país, David no se achantó cuando no obtuvo respuestas por parte de las editoriales convencionales. Daba igual que no tuvieran interés por su novela. El triángulo escaleno vería la luz. Los lectores tendrían la oportunidad de ponerlo en su haber y colocarlo orgullosos en la librería de sus salones, despachos o dormitorios.

Pero, ¿Qué cuenta El triángulo escaleno? Es una novela de fantasía que utiliza el reencuentro de una constelación de almas en tres reencarnaciones diferentes: una en 2007, otra en el siglo XV y otra en el futuro, en el 2403 para construir una trama muy bien armada con personajes y elementos narrativos poderosos. El triángulo escaleno es la historia de dos hermanos cuyo destino está inevitablemente cruzado a pesar de la distancia interpuesta entre ellos. Nos habla de la lucha y el sacrificio de una madre dispuesta a todo por salvar a su familia.

Gracias a El triángulo escaleno he podido sumergirme en un universo fantástico que dista mucho de las historias de dragones y princesas, de naves espaciales y territorios extra planetarios. Su universo es más cercano, un terreno fácilmente reconocible para una lectora poco ducha en el género y no por esto poseedor de menor fantasía. Aunque he de confesarles que, para mi, la verdadera magia de la novela reside en los personajes. Las relaciones establecidas entre ellos nos hablan mucho acerca de la naturaleza del ser humano.

Y, además, es una historia sobre la eterna lucha del bien contra el mal. ¿Qué más se le puede pedir a una novela?

 

 

Os dejo un enlace directo al blog del autor. Regalar cultura es una muy buena idea siempre. #UnlibroParaNavidad

 

 

De vuelta de nuevo

Esto me pasa por procastinar. Dando vueltas todo agosto a cómo retomar el blog en septiembre con empuje, por todo lo alto. Vueltas y más vueltas sin concretar. Sin fijar un objetivo. Repitiéndome como un mantra “Demuéstrate de lo que eres capaz”.

Pero claro lo del mantra sin acción… Mal final. Se acabaron las vacaciones y en lugar de depresión se me viene encima la ansiedad del que sabe que ha derrochado tiempo sin conocimiento y ha convertido sus responsabilidades en “paluegos”.

Menos mal que en esta comprometida situación, ha llegado una luz en forma de instantánea. Un chascarrillo tuitero que merece toda la deferencia y boato que le podemos dar en este humilde blog.

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Como ven, no soy la única que vuelve al cole. El día 1 de septiembre Ana Rosa Quintana estrenaba temporada en uno de los destinos más hot del planeta: Gaza. Sí, allí mismo tomando el pulso a la realidad, en el corazón de la noticia, Ana Rosa y todo su equipo nos regaló esta memorable imagen y el glorioso grafismo.

Drama: Con tanto polvo sólo puedes ponerte ropa beige

Ana Rosa Quintana, visionaria del periodismo.

Mujer caracol

Todo el día con la casa a cuestas. Prepáralo todo por la noche no sea que te dejes algo: el bolso, el tupper, el cepillo de dientes, el peine… una muda limpia por lo que pueda ocurrir. ¿Te vas de viaje? Qué va, sólo a trabajar. A dos horas de mi casa. Jornada partida con dos horas para comer fuera aunque, en realidad, deguste las lentejas de mi madre en mi escritorio recalentadas en el microondas que algún iluminado puso en la oficina para calentar el café. Tiempo empleado: entre 10 y 20 minutos.
Mi compañera, mujer caracol como yo me propone ir a tomar el café fuera y dar una vuelta por la tienda de chuminadas que hay abajo de la oficina; total, sólo nos queda una hora cuarenta para volver al tajo. Accedo. Aún estamos a principios de mes, el café aún es un capricho asequible.
Bajamos al bar y el camarero nos sirve un delicioso café y nos regala su mejor sonrisa.
“Cafelillo para las chicas más guapas del edificio”
Anda, que eso se lo dices a todas, adulador. Mientras disfrutamos del momento mi compañera intenta recomponer su tetris vital. A ver si hoy puede llegar a casa antes de que su pequeña se haya dormido…
Lo sé yo también me lo pregunto: “¿conciliaqué?

Domingo

Cabaret flotante 2014Cabaret flotante 2014

¡Larga vida al cabaret flotante!

Ya es primavera

Este es el primer post de la primavera y ya puedo no notar cómo de alterada me va a dejar este año. Porque, aunque meteorológicamente no haya sido especialmente triunfal, la entrada de la primavera del 2014 ha sido lo más parecido a un elefante irrumpiendo en una cacharrería.

Manifestaciones millonarias, duelos anticipados, policías asamblearios,  capillas ardientes, pruebas ficticias, cortejos fúnebres… ¡Barajas va a cambiar de nombre y nos va costar un millón y medio de euros!  Es realmente complicado intentar escribir hoy obviando el vacío que nos deja Adolfo Suárez, la indigna manipulación informativa que ha planeado sobre la marcha de la dignidad y la inadmisible desfachatez de los sindicatos de la policía, que han querido hacernos comulgar con ruedas de molino.

Soy demasiado joven y no viví la transición a la democracia. Tuve la enorme suerte de nacer ya en ella. Y supongo que, como todo en esta vida, no fue un proceso perfecto. Seguramente hace falta una profunda revisión, darle un giro de ciento ochenta grados.  Siempre me ha llamado mucho la atención la admiración con la que mis mayores hablan de este capítulo de nuestra historia reciente y, en concreto, de Adolfo Suárez. Para ellos supuso toda una hazaña poder realizar el cambio desde la dictadura a la democracia sin una guerra de por medio. Y el artífice de aquella heroicidad fue Suárez. Con sus luces y sus sombras.

No debió ser fácil construir una democracia en uno de los pocos países donde triunfó el fascismo. Puede que ésa sea la fuente de las imperfecciones de nuestra transición. Defectos que, aún hoy, arrastramos con naturalidad pasmosa. Es muy lamentable que la policía intente colar pruebas falsas para criminalizar a ciudadanos en plena era de la información. Me parece de cómic de Mortadelo y Filemón, como poco. Y mejor no hablar del tener que recurrir a la prensa extranjera para leer información contrastada y veraz sobre las marchas de la dignidad y la manifestación del 22M en la capital.

Pero lo más lamentable de todo, sin lugar a dudas, es comprobar que sigue triunfando el poder y la influencia de la “mayoría silenciosa”.  Tal y como explica Gregorio Morán en su entrevista para JotDown (altamente recomendable): No toda esa generación se enfrentó al régimen, pero triunfó la “oposición silenciosa”. Claro. Muy típico el “se pringuen otros”.  Esa misma mayoría silenciosa que ya no se opone, que se queja en el bar pero luego aguanta impasible lo que le echen, al son de “es lo que hay”.

Ya es primavera (soniquete de anuncio) y la sangre tendré alterada… sin embargo no puedo dejar de pensar que recogemos lo que sembramos.

Cojos, mentirosos y otros seres

Ay señor ministro, qué disgusto más grande ¡Yo que le tenía a usted por un hombre de bien! Si no quería ir a la gala de los Goya, debería haber alguna razón algo más convincente o menos comprobable, como que tenía usted un pollo en el horno; o que tenía que consolar a su apenada esposa porque el perro se había comido su primer Loewe. En cambio, usted decidió marcarse una jornada de absentismo laboral flagrante, con el consiguiente cuelgue de sambenito de “cobarde embustero”. ¿Nunca le dijeron en el cole que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo?
Menos mal que su compañera de partido ya ha salido a defenderle. Esto de los Goya es un encuentro de rojillos donde se aprovecha la coyuntura para poner a parir al PP y no denunciar cosas importantes como, por ejemplo, ETA. Además, la cultura no sólo son actores… esa raza cruel. Y parece que fue ayer cuando vimos a Jose Luis Borau, actor de reconocida carrera internacional (modo ironic on) plantado en el escenario exhibiendo unas manos blancas en alto. Pero… ¿No era esta señora ministra de Cultura en aquellos maravillosos años? Pues eso. Ya lo decía mi abuela. No escupas al cielo, que te caerá en la frente.

Paperless

 

Tengo una tarea urgente. He de reconciliar dos aspectos vitales de mi existencia. Mi lado analógico debe aprender a convivir con mi lado digital. Es una de las consecuencias de tener la gran suerte de nacer a caballo entre dos generaciones. Sí amigos. Yo rebobiné cintas de casette con un boli bic y vi nacer el mp3. Consulté la enciclopedia Larrouse, tuve una Encarta y Google me resuelve dudas diarias. Revelé carretes de fotos con líquidos en un cuarto oscuro y he aprendido a “revelar” en Photoshop. Y considero este hecho algo positivo. He sido testigo de la revolución tecnológica. Sin embargo, he de admitir que esta evolución y la consabida adaptación al nuevo medio no se ha dado en mí a la misma velocidad. Mis habilidades digitales no son lo que me gustaría.

Dicho de manera más sencilla sigo siendo demasiado analógica para según qué cosas. Necesito tomar notas de mi puño y letra, por ejemplo, cuando escucho o leo contenido que considero interesante. Sigo gastando papel, tinta, cuadernos para escribir pensamientos, ideas, mapas conceptuales… por eso me tiño de verde envidia cuando leo posts del tipo “7 consejos para ser productivo sin papel”. Especialmente si el autor tiene más edad que yo. Mucho photoshop, mucho ordenador pero sigo llevando la libreta y la agenda dentro de mi bolso. A cuestas. No hay manera de aligerar esa carga y convertirme en integrante de esa nueva tribu: los paperless.

Un paperless es un profesional que ha conseguido evolucionar en la administración de su archivo, dejando atrás el papel y abriendo su alma y sus documentos a la era digital. El paperless tiene una cuenta en “la nube” donde guarda las facturas y tickets de su start up por un lado; el manual de instrucciones de la lavadora por otro; y  las capturas de momentos inspiracionales para sus nuevos proyectos en otro. Todos sus documentos, toda su vida está ahí, organizada en carpetas y etiquetas. Yo sigo teniendo tres montones de papeles de orden aleatorio cogiendo polvo en el escritorio, a varios años luz de atraso de esta nueva raza superior.

No digo esto con sorna ni con ironía. Es verdadera admiración. Llegar a una sistematización tan compleja del manejo de tu información se merece una ovación. Estas son las cualidades que marcan la diferencia. Precisamente porque creo firmemente en ello he decidido iniciarme. Sí, quiero seguir el camino del paperless para alcanzar su organización, productividad y sabiduría.

¿Y vosotros? ¿Evolucionareis a paperless?

Manifiesto Blog

Quiero ser la alegría de lo inesperado. Quiero hablar de las imágenes que pasan por mi cabeza; de esas historias que, por fin, no tengo ningún miedo a compartir con el resto del mundo. No sé realmente si soy o no ocurrente. La gente ríe de vez en cuando con las cosas que digo y por cómo las digo. Puede que sea un buen comienzo. Quiero contarle al mundo mi existencia porque me siento muy orgullosa de ella. Es algo que no había sentido hasta ahora;  y, contra todo pronóstico, me encanta.

Sexo en Nueva York es una de mis series favoritas. Tiene glamour, vestuario de diseñador, protagonistas ricas y sofisticadas, tíos de infarto y un gran final feliz. Me encanta, muy a pesar de que todo es un cliché. De principio a fin. Una gran gama de estereotipos que ni siquiera se corresponden a mi propia realidad. Pero me encanta. Supongo que lo me atrajo fue precisamente eso, lo alejada que estaba de mí. Se convirtió en un respiro y en una quimera, en una huida más. Llevar la piel y los manolos de Carrie era mucho más apetecible que los zapatos planos de Pilar.

Hubo un tiempo en que el que habría dado mi reino por ser como Carrie. Fantaseaba conmigo y mis amigas de la facultad. Éramos cuatro jovencitas con demasiados pájaros en la cabeza. En concreto yo era la que tenía la pajarera mayor. Menos mal que los liberé. Los pobres pájaros estaban hasta el gorro de aguantarme. Lo único que conservo de aquellos días es una afirmación: El mundo en el que me ha tocado vivir se vanagloria de estar ultraconectado y se autodefine como el mundo de la información y la comunicación. Sin embargo, yo siento que los individuos, lejos de esta conexión extraordinaria, viven cada vez más aislados de su realidad. Se pasan el día observando la evolución de su propio ombligo sin prestar la más mínima atención a aquello que no tenga que ver directamente con ellos mismos. Como consecuencia directa, la empatía, esa capacidad para ponerse en el lugar del otro, es un valor a la baja. Cada vez estamos más solos y cada vez le damos menos importancia a esta evidencia. Cada vez, con más frecuencia, te toca relacionarte con seres y humanos.

Hay algo que es una gran verdad. Gracias a la superficial Sexo en Nueva York supe que me gustaban las personas por encima de todo. Supe que no hay nada más apasionante que las relaciones que se establecen entre seres: humanos o no. Supe que, pase lo que pase, siempre puedes tener a alguien a tu lado dispuesto a echarte un cable, aunque sea al cuello. Da igual que sea tu ligue, tu novio, tu prometido, tu amigo gay o tu amiga. Siempre hay alguien con quien compartir emociones. Supe que se puede encontrar el amor. Lo de desmontar al príncipe azul llegó más tarde…

Carrie Bradshaw me enseñó que puedo ser una mujer a la que le encanta cocinar, hacerse ella misma la ropa, preparar pasteles y magdalenas y, aún así, seguir siendo fabulosa.

Carrie me hizo soñar con tener un vestidor de mujer económicamente independiente. Si eso me convierte en una fashion victim, llevaré con orgullo la etiqueta.

¡Ah! Y las posibilidades del horno como almacenaje de prendas. Porque sentí la misma cantidad de fascinación y de horror cuando la escuché confesar que utilizaba el horno para guardar jerseis.

Y sí, Esto no es Sexo en Nueva York pero ¿realmente hace falta?

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