Category Archive: Selfesteem

Confía

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Somos seres sociales. Necesitamos de los demás. Que no te la den con patatas los libros de autoayuda. Aunque el poder esté dentro de ti, no viene mal una mano amiga que te lo recuerde de vez en cuando.

Romance

Rompió a llorar.

-No es verdad. Yo no soy así.

-Venga, ¿a quién pretendes engañar? Tú eres un ser romántico por mucho que lo niegues.

-No. Ser romántico te hace débil. No quiero ser débil.

-No me vendas esa moto de la debilidad. Eres fuerte cuando te muestras sin trucos, sin escudos, sin máscaras que escondan lo auténtico. Sin miedo

No contestó. No merecía la pena perderse en toda aquella palabrería vacía de sentido. Uno puede decidir qué ser en esta vida. Y hacía bastante tiempo que había desechado el romanticismo como adjetivo para definirse. Precisamente por esta razón le fastidiaba que le vinieran con “Si en el fondo eres una romántica, aunque vayas de tipa dura”. No, no no y mil veces no.
Sólo era una mujer. Sin más. No había leído 50 sombras de Grey, no esperaba que vinieran a rescatarla a lomos de un corcel blanco y ni siquiera estaba intentando buscar a Harry.
El hecho de ser joven y de estar en edad fértil no es vinculante con el deseo de tener un idilio. ¿O sí?

¡Qué de tiempo!

Camina por la calle deprisa, con pisada rotunda, con el paso de la que se sabe triunfadora. Chequea el móvil antes de guardarlo en el carísimo bolso que se regaló cuando descubrió los cuernos superlativos del entonces su marido. Nunca dilapidar unos ahorros habían generado tanta satisfacción.
Entra en la peluquería. Cita de pedicura. Se sienta a esperar hojeando una revista. Repasa mentalmente los puntos que deberá tratar en la presentación de la campaña con ese cliente tan soplapollas. Se levanta al escuchar su nombre y se dirige a la cabina de estética.

– Las uñas las quiero en coral y…
– ¡No me lo puedo creer! ¡Eres tú! ¡Cuánto tiempo!

Baja la vista y reconoce al instante quien le habla. El inconfundible rostro de la matona de su clase de primaria le mira como si fuera una aparición.

– ¡Vaya, qué de tiempo, sí! No te había reconocido. Estás muy cambiada…
– Tú sí que estás irreconocible, chica. Pareces una ministra por lo menos. ¿Cómo te va?
– Bueno… no me quejo. Fui a la universidad, hice un master, conseguí un buen puesto… me casé…
– ¿En serio quieres el coral? Te quedarán mucho mejor en rojo, dónde va a parar. El coral es muy soso, y de pijas

Respira profundamente. Lo que le faltaba hoy. Escuchar consejitos de choni esteticien de la tía que le había aterrorizado en el colegio.

-Haz una prueba en un dedo para ver como queda… ¿Y a ti? ¿Cómo te va?
– Desde luego no tan bien como a ti. No terminé el instituto, lo de estudiar no me iba una mierda. Desbarré mucho durante unos años, de fiesta en fiesta ¡qué tiempos! Pero me di cuenta que algo de provecho tenía que hacer en esta vida, así que me apunté a estudiar de nuevo peluquería y estética que lo de maquearme siempre me había molado. Y aquí estoy, currando en este sitio finolis…. Mucho mejor de rojo, mira

Las uñas de los dos pies pintadas de rojo.

– Pero te dije que hicieras una prueba antes…
– Claro, y como he visto que quedaba bien, he seguido. Seguro que esta noche tu marido flipa.
– Me estoy divorciando.
– Vaya, lo siento, qué bocas soy. Aunque en ese caso mejor me lo pones para dejarte el rojo, es mucho más sexy, donde va a dar…

Sale de la peluquería con uñas rojo sangre sintiéndose una mujer de mala vida. Camina como de puntillas, intentando que nadie note su presencia, haciéndola mucho más patente sin embargo. Se sabe una perdedora con delirios de grandeza, aunque no lo reconocerá ni torturándola.

Y así piensa seguir su anodina existencia.

Summertime

Es una verdadera putada quedarse en paro el 30 de junio. Para cuando consigues reaccionar, ya está todo el pescado laboral vendido. Los empleos “estacionales” están ya asignados. Es vox populi lo difícil que es encontrar un trabajo durante el verano. Todos los gurús de la búsqueda de trabajo ya han escrito millones de palabras en posts disertando sobre esta inoportuna inconveniencia. No seré yo la que atorrone al personal.

Este post es un desahogo, una exteriorización de las emociones que circulan por este espíritu. Un pequeño reto que me impongo a mí misma. Buscar el enfoque positivo a la bonita situación en la que me encuentro.  Sonreír, poner al mal tiempo buena cara, buscar el lado bueno de vivir… No se admiten quejas. Son para seres débiles, sin coraje ni determinación. Además que pierdes un tiempo valiosísimo mientras te compadeces de ti mismo por lo injusto que es tu karma. Si tú no has hecho nada para merecer esto, no sé qué narices haces lloriqueando en vez de enseñarle al karma la verdadera senda.

Lo sé, es muy tentador hacerse un ovillo y lamerse la heridas con cara de no haber roto un plato en tu vida. ¿Qué habrá cambiado después de la ración de autocompasión? Espera, déjame adivinar… seguramente que lo más probable es que sea NADA. Seguirás en el mismo sitio con menos tiempo y con la fuerte tentación de volver al ovillo al descubrir tu realidad lamentable. Por si no lo has entendido, el ovillo se convierte en una espiral de pseudo huída, de la que no conseguirás ninguna respuestas y sí remordimientos sazonados con fuertes dolores de cabeza.

Amigos, esto es el libre albedrío. La capacidad que tenemos como seres para elegir nuestro destino. La libertad para ser ovillos o dueños de nuestras decisiones. Decidir y asumir las consecuencias. Por ejemplo:

Estás sentada delante del televisor y los hermanos festivaleros emprendedores del anuncio de la Estrella Damm te cantan. La canción se mete en tu cabeza:

- “If you wanna come back, it’s all right…”

¡Claro! ¿Quién no volvería al chiringo cooltureta de los hermanos buenorros? Aunque odies la cerveza. Aunque las calas escondidas llenas de modernos te produzcan un sarpullido. El chiringuito festivalero es una bonita metáfora de la gran recompensa que te da la constancia y mantenerte firme a la hora de conseguir lo que te propones; sumado a que es mucho mejor si lo compartes con los que tienes a tu alrededor.

Este verano vuelvo a estar en paro. Buscaré trabajo. Escribiré. Tomaré fotos. Daré rienda suelta a mi libre albedrío.

Nada impedirá que baile en mi chiringuito festivalero.

 

Buenas noches

Seguramente os importe más bien poco mi fuerte tendencia a la procastinación, ese bonito término que se refiere a dejar para mañana lo que claramente puedes hacer hoy (o algo así). No voy a entonar un mea culpa que limpie mi conciencia, ya he perdido bastante el tiempo. Mucho mejor escribir estas líneas desde el smartphone con los ojos medio cerrados…
Y sin otro particular les deseo un buen descanso . Nos lo merecemos. Buenas noches

Cautiva y desarmada

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Semana dura. Los últimos coletazos del mes pretenden liquidarme pero yo me resisto. No es una opción rendirse; ni siquiera es una posibilidad. Aunque cautiva y desarmada, seguiré dando guerra. Eso es para lo que vine y eso será lo que haga.

Disculpen la brevedad. Buenas noches.

April’s fool day

O mayormente conocido aquí como día de los santos inocentes.  Un día al año para gastar bromas, pesadas o no, con una justificación “pausible”. Como si a muchos les hiciera falta un día especial para putear a los demás. Si hay por ahí viciosos pervertidos que lo hacen todos los días de su vida.

Podría haber investigado un poco sobre el origen de este evento; aunque si he de ser sincera no me importa lo más mínimo cual sea. Mi educación de cole católico me dice que el 28 de diciembre tiene que ver con un tal Herodes, un señor rey que ante la amenaza de un posible derrocador, se dedicó a asesinar recién nacidos a diestro y siniestro. Para que luego se muriera rey y de viejo (supongo).

Pero al lío, que me enredo. Las bromas. Las putaditas. Las cajas de bombones rellenas de muelles saltarines. Los cigarrillos falsos. Las mierdas de plástico que te venden en el chino de la esquina. La llamada de tu jefe diciéndote que te cambia el turno de trabajo. La oficina empapelada con aquella foto a traición que te hicieron en la cena de la empresa. El colega que llama a su amigo en paro para citarle a una falsa entrevista de trabajo. El hijo que le dice a su madre que es gay y que por las noches se llama Sabrina. El director del banco que le deniega el crédito al emprendedor. El empresario que anuncia el cierre del negocio declarándose insolvente. La novia que decide que su padre se vestirá de Darth Vader para acompañarla al altar. La emprendedora que se despide de su trabajo porque está segura que vender fundas para teteras la convertirá en millonaria.  La poli que lleva a juicio a una pensionista por defender a los negritos manteros. La mala baba de unos y el poco sentido del humor de otros, intercambiables según la ocasión. La ocasión de ser bromista o la ocasión de ser víctima de una broma.

Como ya decía al principio no creo que haga falta un día especial para hacer/ recibir bromas. Al fin y al cabo el sentido del humor, para bien y para mal, nos acompaña todos los días del año. Es una de las pocas cosas que le pueden arrebatar a un ser humano. Y los españoles somos una prueba irrefutable de la afirmación anterior. Nuestro gobierno nos gasta bromas muy pesadas cada vez que toma una decisión y aquí nos tienes aguantando el tipo con una sonrisa y el chascarrillo en la boca. Ya saben, al mal tiempo, buena cara.

Eso sí, ya puede temblar la Tierra el día que lo perdamos.

Dignidad

El cercanías para en Getafe Industrial. 13:40 horas. Se sienta a mi lado un joven arregladito como pa’ ir de boda. Habla con el manos libres.

– Sí papá, ya he cogido el tren. ¡Menuda odisea! Resulta que en el polígono solo hay un bus que pasa cada hora ¡Y lo he visto irse! Me ha tocado recorrerme casi tres kilómetros para llegar a la estación…

“Pobre” pienso para mí.

– ¿La entrevista? Yo creo que bien pero, vamos, no creo que lo coja si me llaman. ¡Esto está en el quinto coño! Tendría que levantarme todos los días como a las 6:45 para poder estar a las 8. Y saldría a las 6…

“Ya, lo de madrugar qué mal se lleva”.

-Pero como es una beca, me han dicho que tendría que apuntarme a un curso en la universidad para poder hacer el convenio. Y que tiene que ser presencial. Y que me lo pague yo. Ya me contarás como lo hago para después de volver a las 7:30 de la tarde a casa, poder irme a un curso…

“Uf, en peores plazas hemos toreado, chaval”

-Vamos papá, que logísticamente es imposible poder hacerlo todo. Y si aún me pagaran bien… ¡La beca son 600 euros! No me compensa…

“Así que nos ha salido burgués el niño”

He desconectado la antena. Era necesario antes de que brotara el monstruo intolerante del desempleado de larga duración. Sí, el muchacho tenía toda la razón del mundo, no digo yo que no. Pero su conversación telefónica me ha producido el mismo efecto que el que siente un ex alcohólico delante de una botella de ginebra. La rabia se hacía fuerte dentro mí. Cuando he sentido la necesidad urgente de espetarle un “¿De qué coño te quejas? Es lo que hay, chaval. Por lo menos tienes entrevistas a las que ir, puto pringao” he sabido que tenía que dejar de escuchar.

Este irrefrenable deseo de poder emplearte, de ser un trabajador por cuenta ajena y económicamente menos dependiente nos convierte en seres dispuestos a todo.

Cuando he vuelto a casa, mi madre me contaba horrorizada la historia de Clío Almansa, una joven que se hizo una lesión grave en la espalda por intentar coger un billete de 50 euros en la fase final de un proceso de selección.  Ese billete simbolizaba el puesto de trabajo al que aspiraban ella y sus competidores. Algunas buenas competidoras, porque fue una de ellas quien llamó a la ambulancia al ver que Clío no se podía levantar del suelo. El resto lo podéis consultar en la noticia enlazada en el nombre de la joven.

Y ahora me salta la duda. ¿Hay que estar realmente dispuesto a todo por conseguir un trabajo? ¿Dónde está el límite? ¿En la humillación y la vejación?

Me arrepiento de haber condenado tanto al joven del tren. Él tenía razón. Hay cosas que, además de no poderse hacer, son imposibles.

Intenso

Las limpiezas de cuarto pueden darte grandes sorpresas. Tesoros que ocultaste en otro tiempo salen a la luz por alguna inexplicable razón. Casualidad o no, te topas con trocitos de tu pasado que te llevan con ellos aunque sólo sea un instante.

Y un cuaderno azul me transportó a 1998:

“No te engaño; me da miedo enseñar
las grietas que hay en mi alma.
No quisiera que descubrieras mi dolor
por tantos amores sin destino alguno.
Tú, que me has dado vida con tus besos,
noche mágica en la que me los diste uno a uno.
No sé si quieres mis amargos deseos;
amargos de estar guardados milenios.
¿Has venido a desenterrar la caja
del amor, del odio o de simple amistad?
Rígida estatua de sal, no mires atrás,
el pasado no podrá darte vida mi amor
el futuro abre tus puertas olvidadas
acógelo o muere en tu absurdo rencor”

Hay que ver lo intensitos que nos ponen las hormonas. He olvidado cuál era el contexto del momento de este “poema”. Afortunadamente para mí. Tal cantidad de drama existencial mataría una manada de elefantes.
El caso es que al leer esta joyita me he dado cuenta de algo importante, al menos para mí. La edad, la madurez o vete tú a saber qué me han dado una gran capacidad para reírme de mí misma. Y sólo por eso ha merecido la pena

En el cuaderno azul queda algún tesoro más; así que puedo decir eso de “Continuará…”

O no. ¿Quién sabe?

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Esperanza

 

Sabes que hay esperanza para la igualdad cuando te chocas con un padre que se lleva a su hija pequeña a protestar en contra de la reforma del aborto. Podremos.

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