Ya es primavera

Este es el primer post de la primavera y ya puedo no notar cómo de alterada me va a dejar este año. Porque, aunque meteorológicamente no haya sido especialmente triunfal, la entrada de la primavera del 2014 ha sido lo más parecido a un elefante irrumpiendo en una cacharrería.

Manifestaciones millonarias, duelos anticipados, policías asamblearios,  capillas ardientes, pruebas ficticias, cortejos fúnebres… ¡Barajas va a cambiar de nombre y nos va costar un millón y medio de euros!  Es realmente complicado intentar escribir hoy obviando el vacío que nos deja Adolfo Suárez, la indigna manipulación informativa que ha planeado sobre la marcha de la dignidad y la inadmisible desfachatez de los sindicatos de la policía, que han querido hacernos comulgar con ruedas de molino.

Soy demasiado joven y no viví la transición a la democracia. Tuve la enorme suerte de nacer ya en ella. Y supongo que, como todo en esta vida, no fue un proceso perfecto. Seguramente hace falta una profunda revisión, darle un giro de ciento ochenta grados.  Siempre me ha llamado mucho la atención la admiración con la que mis mayores hablan de este capítulo de nuestra historia reciente y, en concreto, de Adolfo Suárez. Para ellos supuso toda una hazaña poder realizar el cambio desde la dictadura a la democracia sin una guerra de por medio. Y el artífice de aquella heroicidad fue Suárez. Con sus luces y sus sombras.

No debió ser fácil construir una democracia en uno de los pocos países donde triunfó el fascismo. Puede que ésa sea la fuente de las imperfecciones de nuestra transición. Defectos que, aún hoy, arrastramos con naturalidad pasmosa. Es muy lamentable que la policía intente colar pruebas falsas para criminalizar a ciudadanos en plena era de la información. Me parece de cómic de Mortadelo y Filemón, como poco. Y mejor no hablar del tener que recurrir a la prensa extranjera para leer información contrastada y veraz sobre las marchas de la dignidad y la manifestación del 22M en la capital.

Pero lo más lamentable de todo, sin lugar a dudas, es comprobar que sigue triunfando el poder y la influencia de la “mayoría silenciosa”.  Tal y como explica Gregorio Morán en su entrevista para JotDown (altamente recomendable): No toda esa generación se enfrentó al régimen, pero triunfó la “oposición silenciosa”. Claro. Muy típico el “se pringuen otros”.  Esa misma mayoría silenciosa que ya no se opone, que se queja en el bar pero luego aguanta impasible lo que le echen, al son de “es lo que hay”.

Ya es primavera (soniquete de anuncio) y la sangre tendré alterada… sin embargo no puedo dejar de pensar que recogemos lo que sembramos.

El Perfil

Ya está. He conseguido reunir el valor suficiente. Llevaba varios meses dándole vueltas, después del resacón de la no boda de Marga, había dejado correr los días sin tomar la iniciativa. Varios meses en lo que me dediqué a llenar mi cabeza de argumentos a favor; excusas y prejuicios en contra. 

– “No tiene nada de malo”.
– “No pierdes nada por intentarlo. Si acaso, un par de horas, tú decides cuánto y cuándo”.
–  “Es algo que cada vez hace más gente”.
– “Cada vez hay más gente desesperada”.
 
He de decir ¿en mi favor? que nunca fui muy pro ligando. Unas veces era debido a las circunstancias, y otras veces las circunstancias me mandaban lejos porque ya estaban hartas de cargar con mi responsabilidad. Ya tuve una tentativa a finales del 2012. Con aquello de que los mayas habían anunciado el fin del mundo; me entró el canguelo de asistir a semejante evento sola. Pero ya se sabe que muerto el perro, se acabó la rabia. Así que olvidé la idea de hacerme un perfil en una página de contactos y búsqueda de pareja hasta que mi amiga Marga se quedó plantada cual patata en el altar.
 
Sí, sí, una de esas webs o app en las que los seres, humanos o no, buscan a su media naranja, un polvo cada noche, un compañero de aventuras, conocer gente con la que poder ir al Expo Cómic disfrazado de tortuga ninja… 

Ya me lo decía mi abuela: “Carmencita hija, hay gente pa’ tó”. Cuánta sabiduría en un chascarrillo.
 
Y aquí estoy, frente a la pantalla, rellenando un formulario interminable acerca de mí, mis gustos, mis fobias, mi perspectivas de futuro, mi pareja ideal, mi intimidad mejor guardada. Menos mal que el apartado preferencias delictivas lo han dejado a gusto del consumidor.  
 
Pues esta es mi historia. Lo que pasase después del fin del mundo maya era incierto, como conseguir un “alguien” antes de aquella fecha. Aunque también lo es la vida dentro de dos horas. Incluso en los próximos cinco minutos. 
 
En fin, ¿Por qué no?

Una boda

Toda historia tiene un comienzo. Ésta, en concreto, empezó en una boda. Siendo fieles a la verdad, una no boda.
Todo estaba dispuesto. Marga había estado los últimos veintiséis años milimetrando cada detalle del momento más feliz de su vida. Sin embargo, algo se le pasó por alto. Un pequeño detalle que acabó estallando en el comienzo de la ceremonia. 
Pedro, el prometido de Marga, estaba esperando en el altar con los ojillos brillantes de quién está reteniendo las lágrimas. Cuando la novia entró en la iglesia, supo que sería la última oportunidad. Si no era entonces, no sería nunca. Marga llegó hasta él sonriente, triunfante, esplendorosa. Pedro no pudo más.

– No puedo.

La sonrisa de Marga enmudeció.
 
– ¿Cómo que no puedes? ¿A qué viene eso ahora?
 
– Es… esto… es… complicado…
 
– Anda, no me vaciles tontorrón
 
Y no la estaba vacilando. 
 
Pedro salió corriendo hacia la puerta de la iglesia, recordando que se había dejado el pollo en el horno. Un pollo de nombre Alejandro y nacionalidad griega al que había conocido en el último proyecto que había realizado en el trabajo. Alejandro había abierto de par en par las puertas del armario para librar a Pedro de las polillas sentimentales que lo estaban comiendo durante casi ocho años de relación con Marga. Aquello sólo pudo acabar de una manera: Pedro, emulando a Julia Roberts, se marcó un novio a la fuga del que seguramente aún están hablando las parroquianas de la iglesia. 
 
En calidad de mejor amiga de la novia, yo presencié aquella huída desde primera línea. Aún recuerdo la cara de la suegra de Marga justo antes de desmayarse. Un poema. Marga se quedó de piedra inmóvil ante el altar, dejando caer el bouquet de rosas bajo sus pies. El padre del novio gritó “Pedrooooooooo” a lo Penélope Cruz. El resto de los invitados miraban con cara de circunstancias hacia el lugar menos incómodo para cada cual. 
 
Y llaménme egocéntrica, pero todo ese caos tenía un fin. Todo aquel sindios se había organizando para hacerme llegar un mensaje de gran importancia vital. “Carmen, si esto ha salido mal, cualquier cosa puede salir bien”
 
Aquella misma noche me hice un perfil en una página de búsqueda de pareja.

Dignidad

El cercanías para en Getafe Industrial. 13:40 horas. Se sienta a mi lado un joven arregladito como pa’ ir de boda. Habla con el manos libres.

– Sí papá, ya he cogido el tren. ¡Menuda odisea! Resulta que en el polígono solo hay un bus que pasa cada hora ¡Y lo he visto irse! Me ha tocado recorrerme casi tres kilómetros para llegar a la estación…

“Pobre” pienso para mí.

– ¿La entrevista? Yo creo que bien pero, vamos, no creo que lo coja si me llaman. ¡Esto está en el quinto coño! Tendría que levantarme todos los días como a las 6:45 para poder estar a las 8. Y saldría a las 6…

“Ya, lo de madrugar qué mal se lleva”.

-Pero como es una beca, me han dicho que tendría que apuntarme a un curso en la universidad para poder hacer el convenio. Y que tiene que ser presencial. Y que me lo pague yo. Ya me contarás como lo hago para después de volver a las 7:30 de la tarde a casa, poder irme a un curso…

“Uf, en peores plazas hemos toreado, chaval”

-Vamos papá, que logísticamente es imposible poder hacerlo todo. Y si aún me pagaran bien… ¡La beca son 600 euros! No me compensa…

“Así que nos ha salido burgués el niño”

He desconectado la antena. Era necesario antes de que brotara el monstruo intolerante del desempleado de larga duración. Sí, el muchacho tenía toda la razón del mundo, no digo yo que no. Pero su conversación telefónica me ha producido el mismo efecto que el que siente un ex alcohólico delante de una botella de ginebra. La rabia se hacía fuerte dentro mí. Cuando he sentido la necesidad urgente de espetarle un “¿De qué coño te quejas? Es lo que hay, chaval. Por lo menos tienes entrevistas a las que ir, puto pringao” he sabido que tenía que dejar de escuchar.

Este irrefrenable deseo de poder emplearte, de ser un trabajador por cuenta ajena y económicamente menos dependiente nos convierte en seres dispuestos a todo.

Cuando he vuelto a casa, mi madre me contaba horrorizada la historia de Clío Almansa, una joven que se hizo una lesión grave en la espalda por intentar coger un billete de 50 euros en la fase final de un proceso de selección.  Ese billete simbolizaba el puesto de trabajo al que aspiraban ella y sus competidores. Algunas buenas competidoras, porque fue una de ellas quien llamó a la ambulancia al ver que Clío no se podía levantar del suelo. El resto lo podéis consultar en la noticia enlazada en el nombre de la joven.

Y ahora me salta la duda. ¿Hay que estar realmente dispuesto a todo por conseguir un trabajo? ¿Dónde está el límite? ¿En la humillación y la vejación?

Me arrepiento de haber condenado tanto al joven del tren. Él tenía razón. Hay cosas que, además de no poderse hacer, son imposibles.

Intenso

Las limpiezas de cuarto pueden darte grandes sorpresas. Tesoros que ocultaste en otro tiempo salen a la luz por alguna inexplicable razón. Casualidad o no, te topas con trocitos de tu pasado que te llevan con ellos aunque sólo sea un instante.

Y un cuaderno azul me transportó a 1998:

“No te engaño; me da miedo enseñar
las grietas que hay en mi alma.
No quisiera que descubrieras mi dolor
por tantos amores sin destino alguno.
Tú, que me has dado vida con tus besos,
noche mágica en la que me los diste uno a uno.
No sé si quieres mis amargos deseos;
amargos de estar guardados milenios.
¿Has venido a desenterrar la caja
del amor, del odio o de simple amistad?
Rígida estatua de sal, no mires atrás,
el pasado no podrá darte vida mi amor
el futuro abre tus puertas olvidadas
acógelo o muere en tu absurdo rencor”

Hay que ver lo intensitos que nos ponen las hormonas. He olvidado cuál era el contexto del momento de este “poema”. Afortunadamente para mí. Tal cantidad de drama existencial mataría una manada de elefantes.
El caso es que al leer esta joyita me he dado cuenta de algo importante, al menos para mí. La edad, la madurez o vete tú a saber qué me han dado una gran capacidad para reírme de mí misma. Y sólo por eso ha merecido la pena

En el cuaderno azul queda algún tesoro más; así que puedo decir eso de “Continuará…”

O no. ¿Quién sabe?

20140225-234147.jpg

Instagram

Él terminó su relación por whatsapp. Dos horas antes de su cita. Ella no se lo podía creer. No se explicaba cómo había podido tener tan poca clase. El intrépido soltero que lo había dejado todo por ser cocinero había resultado un vulgar capullo, del montón. Capullo y cobarde.
Hubiera sido todo un detalle por su parte afrontarlo como el adulto que se suponía que era.
De acuerdo, ella no era inocente. Tenía esa dichosa manía de disfrazar su inseguridad en cortante frialdad; de esconder su pánico detrás de la altivez que en ocasiones poseía su rostro. Y con esa misma dignidad encajó el golpe que le llegó directo de su smartphone.
Semanas más tarde, ella descubrió una foto en Instagram: una mesa para dos dispuesta con una opípara cena y un cartelito cursi sobre las bondades de un novio cocinero. Sí, él había subido la foto. Para la sonriente rubia de grandes perlas que sonreía provocadora mientras simulaba pinchar un bocado.
Ese fue el golpe de gracia. Ahora todo estaba meridianamente claro. Ella había sido elegida la rival más débil del harem del intrépido capullo. No pudo evitar sentir la furia dentro del estómago.
Puede que su hipótesis fuera cierta. Puede que no. Puede existir el harem o simplemente que todo sea una serie de casualidades. Y pensándolo con cierta distancia ¿Qué se podía esperar de un ser que afronta las dificultades parapetado detrás de su smartphone?
Querida ella, en argentino: “No sos vos, es el boludo pelotudo de él”

Cojos, mentirosos y otros seres

Ay señor ministro, qué disgusto más grande ¡Yo que le tenía a usted por un hombre de bien! Si no quería ir a la gala de los Goya, debería haber alguna razón algo más convincente o menos comprobable, como que tenía usted un pollo en el horno; o que tenía que consolar a su apenada esposa porque el perro se había comido su primer Loewe. En cambio, usted decidió marcarse una jornada de absentismo laboral flagrante, con el consiguiente cuelgue de sambenito de “cobarde embustero”. ¿Nunca le dijeron en el cole que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo?
Menos mal que su compañera de partido ya ha salido a defenderle. Esto de los Goya es un encuentro de rojillos donde se aprovecha la coyuntura para poner a parir al PP y no denunciar cosas importantes como, por ejemplo, ETA. Además, la cultura no sólo son actores… esa raza cruel. Y parece que fue ayer cuando vimos a Jose Luis Borau, actor de reconocida carrera internacional (modo ironic on) plantado en el escenario exhibiendo unas manos blancas en alto. Pero… ¿No era esta señora ministra de Cultura en aquellos maravillosos años? Pues eso. Ya lo decía mi abuela. No escupas al cielo, que te caerá en la frente.

Esperanza

 

Sabes que hay esperanza para la igualdad cuando te chocas con un padre que se lleva a su hija pequeña a protestar en contra de la reforma del aborto. Podremos.

Catalina, la grande

Hoy es un día triste. Ha muerto Catalina,  amiga de mi abuela desde que eran niñas. Fueron juntas a la escuela, trabajaron en la misma fábrica y sus maridos eran muy buenos amigos. Aunque alguien quiso que Antonio pasase veinte años en la cárcel por pensar diferente y; a pesar de todo, Catalina esperó a su amor. Prometió esperarle una vida entera. Afortunadamente para ambos no fue necesario. Antonio pudo estar con Catalina, darle un hijo y beber toda la felicidad que les habían arrebatado aquellos malditos veinte largos años. Junto a ella.

Cuando pienso en Catalina y en su historia no puedo evitar preguntarme qué es lo que estamos haciendo con nuestras relaciones. Trato de imaginar una situación similar a la de Catalina en nuestros días y me resulta demasiado ficticia.  A lo mejor me equivoco (ojalá) pero creo que nadie sería capaz de afrontar una situación similar en el mundo inmediato que nos ha tocado vivir. En un mundo donde cuando algo se rompe o se pone difícil no se intenta arreglar. Se tira. Se abandona.

Seamos sinceros con nosotros mismos. Hemos cambiado la generosidad, el sacrificio y la empatía por raciones gigantescas de ombliguismo. Estamos tan pendientes de nosotros mismos que el levantar la cabeza para mirar alrededor y descubrir que estamos rodeados de otros seres humanos nos resulta una hazaña. Lo sé; no se puede generalizar. Pero sería mentir no rendirse ante esta evidencia.

¡Ala, exagerada! ¡Tampoco es para tanto! Claro. El hecho de que aparezcan fenómenos como el phubbing, es decir, la acción despreciar o ignorar a otras personas cuando se está haciendo uso del teléfono y otros dispositivos móviles; es una mera y pura casualidad. Va a ser, sí. Porque ignorar a tus amigos mientras te tomas un relaxing cup of café con leche y juegas al Candy Crush Saga no es para nada una falta de respeto hacia esos pobres diablos que te aguantan y con los que por cierto habías quedado…

Es muy triste admitirlo pero Catalina lo hubiera dejado con Antonio por wassapp en nuestros días. Y lo sabéis.

Buen viaje Catalina. Tu nombre no se borrará de la historia.

 

¡Juega!

20140121-234940.jpg

Loading...
X