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Tarde de trajes

Tarde tonta en Plaza España

 

Plaza de España, Madrid. Una tarde cualquiera de mayo. Dos muchachos sentados en el césped confeccionan trajes a los viandantes.

Chico 1: Vaya tres pata pa’ un banco…

Chico 2: Modernas de bolera…

Y, de repente, sin avisar.

Chico 2: ¡Ay! Ay, ay, ay, ay, ay, un bicho, ¡Un bichoooooooo!

Chico 1: ¿Pero qué dices loca de la colina?

Chico 2: Sí, sí, sí, un bicho de estos feos y malos… ¿cómo se dice?… ¡Una alcaparra!

Chico 1: ¿¿Una alcaparra??

Chico 2: ¡Qué sí hombre! Un bicho de ésos que es como un piojo pero distinto…

Chico 1: Una pulga, entonces.

Chico 2: Nooooo, una pulga no es. Una alcaparra… o “gaparrata”… o una “rapalgata”…

Chico 1: Pues una “rapalgata”, qué más da.

Callan. Vuelven a su sastrería oral, mientras los contemplo fascinada. Fue una pena no poder escuchar el patrón que me tenían asignado nada más levantarme de mi sitio.

Intenso

Las limpiezas de cuarto pueden darte grandes sorpresas. Tesoros que ocultaste en otro tiempo salen a la luz por alguna inexplicable razón. Casualidad o no, te topas con trocitos de tu pasado que te llevan con ellos aunque sólo sea un instante.

Y un cuaderno azul me transportó a 1998:

“No te engaño; me da miedo enseñar
las grietas que hay en mi alma.
No quisiera que descubrieras mi dolor
por tantos amores sin destino alguno.
Tú, que me has dado vida con tus besos,
noche mágica en la que me los diste uno a uno.
No sé si quieres mis amargos deseos;
amargos de estar guardados milenios.
¿Has venido a desenterrar la caja
del amor, del odio o de simple amistad?
Rígida estatua de sal, no mires atrás,
el pasado no podrá darte vida mi amor
el futuro abre tus puertas olvidadas
acógelo o muere en tu absurdo rencor”

Hay que ver lo intensitos que nos ponen las hormonas. He olvidado cuál era el contexto del momento de este “poema”. Afortunadamente para mí. Tal cantidad de drama existencial mataría una manada de elefantes.
El caso es que al leer esta joyita me he dado cuenta de algo importante, al menos para mí. La edad, la madurez o vete tú a saber qué me han dado una gran capacidad para reírme de mí misma. Y sólo por eso ha merecido la pena

En el cuaderno azul queda algún tesoro más; así que puedo decir eso de “Continuará…”

O no. ¿Quién sabe?

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