Tag Archive: amistad

Confía

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Somos seres sociales. Necesitamos de los demás. Que no te la den con patatas los libros de autoayuda. Aunque el poder esté dentro de ti, no viene mal una mano amiga que te lo recuerde de vez en cuando.

Tarde de trajes

Tarde tonta en Plaza España

 

Plaza de España, Madrid. Una tarde cualquiera de mayo. Dos muchachos sentados en el césped confeccionan trajes a los viandantes.

Chico 1: Vaya tres pata pa’ un banco…

Chico 2: Modernas de bolera…

Y, de repente, sin avisar.

Chico 2: ¡Ay! Ay, ay, ay, ay, ay, un bicho, ¡Un bichoooooooo!

Chico 1: ¿Pero qué dices loca de la colina?

Chico 2: Sí, sí, sí, un bicho de estos feos y malos… ¿cómo se dice?… ¡Una alcaparra!

Chico 1: ¿¿Una alcaparra??

Chico 2: ¡Qué sí hombre! Un bicho de ésos que es como un piojo pero distinto…

Chico 1: Una pulga, entonces.

Chico 2: Nooooo, una pulga no es. Una alcaparra… o “gaparrata”… o una “rapalgata”…

Chico 1: Pues una “rapalgata”, qué más da.

Callan. Vuelven a su sastrería oral, mientras los contemplo fascinada. Fue una pena no poder escuchar el patrón que me tenían asignado nada más levantarme de mi sitio.

Elemental

Hay veces que no puedo evitar escuchar conversaciones ajenas. No las voy buscando, en realidad vienen a mí sin llamarlas…

Hay veces que no puedo evitar sentirme una cotilla, una intrusa de las vidas ajenas de los desconocidos con los que me voy encontrando en mi camino. Pero es lo que tiene un largo trayecto de vuelta a casa. Una se encuentra con lo que no quiere encontrarse.
Cercanías. Línea C3, un jueves por la tarde. Un obrero sudamericano, dos chicas de facultad y yo compartimos asientos. Deduje que las chicas eran de facultad por las carpetas, los apuntes y las mochilas. Iban hablando entre ellas lo suficientemente alto  como para hacer participes de su conversación a la totalidad del vagón.

- Ayer por la tarde me llamó Javi.

-¿Javi, tu ex? Últimamente te llama mucho. Algo le pica.

-No, tía, si quedamos como amigos. Estuvimos hablando de su viaje a Londres y tal…

-¿Y no intentó nada? Qué raro. Tendrá apaño, entonces.

-Bueno… el caso es que me dijo de pasarse por casa y yo le dije que me daba cosilla por lo que pudiera pasar.

A estas alturas de la conversación, el obrero y yo estábamos que no cabíamos en nosotros por saber el final de la historia.

-¿Y él que te dijo?

-En ese momento nada en especial.  Pero luego me mandó este mensaje a las doce de la noche

Por la cara que puso la amiga al mirar la pantalla, el tal Javi debía ser un pieza de los que sólo se encuentran en los museos. Y la ex de Javi sólo pudo concluir con esto:

- Vamos… que se lo tomó al pie de la letra…

A mi modo de ver las cosas, con los ex puedes tener una relación cordial, es decir, poder estar en la misma habitación con el mismo círculo social sin tirarte de los pelos u otros objetos aledaños. Pero de ahí a ser amigos. La experiencia propia y ajena me dice que siempre alguno de los dos busca algo más. Por otra parte ¿Cómo ser amigo de de alguien por el que has sentido tanto? Alguien del que seguramente te llegaste a enamorar, al que abriste tu corazón y con quien compartiste momentos de absoluta intimidad. ¿Cómo normalizar el ser amigo de alguien que no ha sido tu amigo?

Nunca he entendido ni creo que entenderé (nunca se puede decir de este agua no beberé) lo de ser amigos de los ex. En mi humilde opinión son dos conceptos incompatibles desde su propia definición. Un ex es alguien con quien has tenido algo más que una amistad. Y no sólo estoy hablando de fluidos corporales. También compartes sentimientos que no cambian de la noche a la mañana.

Por eso, querida niña de facultad, si tú le dices a tu ex que te da cosilla que vaya a tu casa por lo que pueda pasar… en fin, estás mostrando debilidad.

Entonces lo más probable es que haya ataque.

Elemental, querido Watson

Catalina, la grande

Hoy es un día triste. Ha muerto Catalina,  amiga de mi abuela desde que eran niñas. Fueron juntas a la escuela, trabajaron en la misma fábrica y sus maridos eran muy buenos amigos. Aunque alguien quiso que Antonio pasase veinte años en la cárcel por pensar diferente y; a pesar de todo, Catalina esperó a su amor. Prometió esperarle una vida entera. Afortunadamente para ambos no fue necesario. Antonio pudo estar con Catalina, darle un hijo y beber toda la felicidad que les habían arrebatado aquellos malditos veinte largos años. Junto a ella.

Cuando pienso en Catalina y en su historia no puedo evitar preguntarme qué es lo que estamos haciendo con nuestras relaciones. Trato de imaginar una situación similar a la de Catalina en nuestros días y me resulta demasiado ficticia.  A lo mejor me equivoco (ojalá) pero creo que nadie sería capaz de afrontar una situación similar en el mundo inmediato que nos ha tocado vivir. En un mundo donde cuando algo se rompe o se pone difícil no se intenta arreglar. Se tira. Se abandona.

Seamos sinceros con nosotros mismos. Hemos cambiado la generosidad, el sacrificio y la empatía por raciones gigantescas de ombliguismo. Estamos tan pendientes de nosotros mismos que el levantar la cabeza para mirar alrededor y descubrir que estamos rodeados de otros seres humanos nos resulta una hazaña. Lo sé; no se puede generalizar. Pero sería mentir no rendirse ante esta evidencia.

¡Ala, exagerada! ¡Tampoco es para tanto! Claro. El hecho de que aparezcan fenómenos como el phubbing, es decir, la acción despreciar o ignorar a otras personas cuando se está haciendo uso del teléfono y otros dispositivos móviles; es una mera y pura casualidad. Va a ser, sí. Porque ignorar a tus amigos mientras te tomas un relaxing cup of café con leche y juegas al Candy Crush Saga no es para nada una falta de respeto hacia esos pobres diablos que te aguantan y con los que por cierto habías quedado…

Es muy triste admitirlo pero Catalina lo hubiera dejado con Antonio por wassapp en nuestros días. Y lo sabéis.

Buen viaje Catalina. Tu nombre no se borrará de la historia.

 

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