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Tocayos

Tocayos

La vida nos regala instantes hermosos. Muchos de ellos se esconden en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo sencillo, en la rutina. ¿O será el empeño en encontrar lo extraordinario lo que nos hace perdérnoslos?

Cuando Harry encontró a Sally

¡Qué difíciles son las relaciones entre personas! ¡Con lo guay que lo pintan en Hollywood! Todavía aquel romántico esquema “chico conoce chica, chico y chica se  enamoran” sigue vigente y, lo que es peor, amenaza con durar eternamente. Pero estarán de acuerdo en que una relación de pareja en la vida real se parece lo mismito a la de la comedia romántica que Lady Gaga a Charlize Theron ¿Por qué será? Podría ser que la comedia fuera una versión reducida de la vida real; y si este fuera el caso… ¿Por qué nadie explicó que los príncipes azules en realidad eran sapos conspiradores?

Conozco a varias chicas inteligentes, liberales, cultas, con mundo y una formación universitaria a sus espaldas que se convirtieron en “masoquistas emocionales” el día que tuvieron la suerte de toparse con un “príncipe-sapo conspirador”. Ninguna es capaz de recordar en qué momento dieron el primer paso para que les rompieran el corazón. Alguna admite, avergonzada, que cayó varias veces en la “enorme roca”, a pesar de que  lo venía venir.

“No  soy justa conmigo. Merezco algo mejor. Mucho mejor, infinitamente mejor. Valgo mucho más que para ser las migajas de un enanito, feo y cabrón” se repetía la pobre una y  otra vez, de manera casi obsesiva. Después, pone a Dios por testigo de que mañana se irá con sus amigas de marcha y se follará todo lo que se mueva. Y así es como el ciclo sin fin que lo envuelve todo termina por cerrarse.

Dicen dentro del gremio de guionistas que la realidad siempre supera a la ficción. Todo  contador de historias se basa en la primera para poder crear (o recrear, según se mire) la segunda. Si a esto añadimos la tendencia de nuestro cerebro a olvidar las experiencias negativas, se podría intuir una pseudo-explicación al fenómeno final feliz en aquellas historias que nos hablan sobre relaciones interpersonales, en concreto,  las relaciones sentimentales.

Creo que el resto ya se lo imaginan ustedes solos…

Elemental

Hay veces que no puedo evitar escuchar conversaciones ajenas. No las voy buscando, en realidad vienen a mí sin llamarlas…

Hay veces que no puedo evitar sentirme una cotilla, una intrusa de las vidas ajenas de los desconocidos con los que me voy encontrando en mi camino. Pero es lo que tiene un largo trayecto de vuelta a casa. Una se encuentra con lo que no quiere encontrarse.
Cercanías. Línea C3, un jueves por la tarde. Un obrero sudamericano, dos chicas de facultad y yo compartimos asientos. Deduje que las chicas eran de facultad por las carpetas, los apuntes y las mochilas. Iban hablando entre ellas lo suficientemente alto  como para hacer participes de su conversación a la totalidad del vagón.

- Ayer por la tarde me llamó Javi.

-¿Javi, tu ex? Últimamente te llama mucho. Algo le pica.

-No, tía, si quedamos como amigos. Estuvimos hablando de su viaje a Londres y tal…

-¿Y no intentó nada? Qué raro. Tendrá apaño, entonces.

-Bueno… el caso es que me dijo de pasarse por casa y yo le dije que me daba cosilla por lo que pudiera pasar.

A estas alturas de la conversación, el obrero y yo estábamos que no cabíamos en nosotros por saber el final de la historia.

-¿Y él que te dijo?

-En ese momento nada en especial.  Pero luego me mandó este mensaje a las doce de la noche

Por la cara que puso la amiga al mirar la pantalla, el tal Javi debía ser un pieza de los que sólo se encuentran en los museos. Y la ex de Javi sólo pudo concluir con esto:

- Vamos… que se lo tomó al pie de la letra…

A mi modo de ver las cosas, con los ex puedes tener una relación cordial, es decir, poder estar en la misma habitación con el mismo círculo social sin tirarte de los pelos u otros objetos aledaños. Pero de ahí a ser amigos. La experiencia propia y ajena me dice que siempre alguno de los dos busca algo más. Por otra parte ¿Cómo ser amigo de de alguien por el que has sentido tanto? Alguien del que seguramente te llegaste a enamorar, al que abriste tu corazón y con quien compartiste momentos de absoluta intimidad. ¿Cómo normalizar el ser amigo de alguien que no ha sido tu amigo?

Nunca he entendido ni creo que entenderé (nunca se puede decir de este agua no beberé) lo de ser amigos de los ex. En mi humilde opinión son dos conceptos incompatibles desde su propia definición. Un ex es alguien con quien has tenido algo más que una amistad. Y no sólo estoy hablando de fluidos corporales. También compartes sentimientos que no cambian de la noche a la mañana.

Por eso, querida niña de facultad, si tú le dices a tu ex que te da cosilla que vaya a tu casa por lo que pueda pasar… en fin, estás mostrando debilidad.

Entonces lo más probable es que haya ataque.

Elemental, querido Watson

The old same story

Es la vieja historia, repetida a lo largo de todas las épocas, en todos los siglos y en cualquier lugar donde habita el ser humano. La historia que confirma la gran estupidez del hombre: queremos lo que no tenemos. Este hecho nos hace infelices para siempre, por mucho que las comedias románticas se empeñen en demostrarnos lo contrario.
¿Qué parte de realidad existe en el tan manido “chico busca chica; chico y chica se enamoran”? Lo no poseído es tremendamente más atractivo. Y no sólo en el romance se aplica este planteamiento. Es una verdad universal eso de que las morenas quieren ser rubias; tener el pelo rizado implica desearlo liso todos los días de tu vida; y si por circunstancias te tocó blanco, tú claramente preferirás negro. A lo mejor sabes porqué, o no. ¿La insatisfacción es algo intrínsecamente humano o se debe al contexto sociocultural en el que vivimos? ¿Desearán lo que no tienen en Camboya?
Hace unos días hablaba con una modelo. Me contaba que lo estaba pasando mal por culpa de un chico. Llevaba ocho años manteniendo una relación con él y parecía estar super colgada, o enamorada, como lo quieras llamar. A cambio, el no se molestaba en presentarle a sus amigos, mucho menos tener reuniones informales con su familia. Básicamente, aunque ella no sea capaz de verlo, sólo queda con él para tener sexo. Debe ser que folla de escándalo a pesar de ser feo, bajito y cabezón… además de un hijo de mala madre.
Mi gran pregunta fue ¿Por qué? No supo darme ninguna respuesta convincente. No sabía explicarme por qué había llegado a esta situación. Ella decía tener otras oportunidades con otros chicos mucho más atractivos y respetuosos. ¿Dónde estaba su autoestima? ¿Donde se dejó olvidada su dignidad? ¿En qué lugar queda el género femenino? ¿Esta chica quiere lo que no tiene o quiere lo que cree que puede llegar a tener?
Le aconsejé que dejara a ese mamón. Ella, ante mi propuesta, me miró sorprendida. “¿Cómo voy a dejar a mi gordito?”.

Vivir para ver.

Una boda

Toda historia tiene un comienzo. Ésta, en concreto, empezó en una boda. Siendo fieles a la verdad, una no boda.
Todo estaba dispuesto. Marga había estado los últimos veintiséis años milimetrando cada detalle del momento más feliz de su vida. Sin embargo, algo se le pasó por alto. Un pequeño detalle que acabó estallando en el comienzo de la ceremonia. 
Pedro, el prometido de Marga, estaba esperando en el altar con los ojillos brillantes de quién está reteniendo las lágrimas. Cuando la novia entró en la iglesia, supo que sería la última oportunidad. Si no era entonces, no sería nunca. Marga llegó hasta él sonriente, triunfante, esplendorosa. Pedro no pudo más.

– No puedo.

La sonrisa de Marga enmudeció.
 
– ¿Cómo que no puedes? ¿A qué viene eso ahora?
 
– Es… esto… es… complicado…
 
– Anda, no me vaciles tontorrón
 
Y no la estaba vacilando. 
 
Pedro salió corriendo hacia la puerta de la iglesia, recordando que se había dejado el pollo en el horno. Un pollo de nombre Alejandro y nacionalidad griega al que había conocido en el último proyecto que había realizado en el trabajo. Alejandro había abierto de par en par las puertas del armario para librar a Pedro de las polillas sentimentales que lo estaban comiendo durante casi ocho años de relación con Marga. Aquello sólo pudo acabar de una manera: Pedro, emulando a Julia Roberts, se marcó un novio a la fuga del que seguramente aún están hablando las parroquianas de la iglesia. 
 
En calidad de mejor amiga de la novia, yo presencié aquella huída desde primera línea. Aún recuerdo la cara de la suegra de Marga justo antes de desmayarse. Un poema. Marga se quedó de piedra inmóvil ante el altar, dejando caer el bouquet de rosas bajo sus pies. El padre del novio gritó “Pedrooooooooo” a lo Penélope Cruz. El resto de los invitados miraban con cara de circunstancias hacia el lugar menos incómodo para cada cual. 
 
Y llaménme egocéntrica, pero todo ese caos tenía un fin. Todo aquel sindios se había organizando para hacerme llegar un mensaje de gran importancia vital. “Carmen, si esto ha salido mal, cualquier cosa puede salir bien”
 
Aquella misma noche me hice un perfil en una página de búsqueda de pareja.

Catalina, la grande

Hoy es un día triste. Ha muerto Catalina,  amiga de mi abuela desde que eran niñas. Fueron juntas a la escuela, trabajaron en la misma fábrica y sus maridos eran muy buenos amigos. Aunque alguien quiso que Antonio pasase veinte años en la cárcel por pensar diferente y; a pesar de todo, Catalina esperó a su amor. Prometió esperarle una vida entera. Afortunadamente para ambos no fue necesario. Antonio pudo estar con Catalina, darle un hijo y beber toda la felicidad que les habían arrebatado aquellos malditos veinte largos años. Junto a ella.

Cuando pienso en Catalina y en su historia no puedo evitar preguntarme qué es lo que estamos haciendo con nuestras relaciones. Trato de imaginar una situación similar a la de Catalina en nuestros días y me resulta demasiado ficticia.  A lo mejor me equivoco (ojalá) pero creo que nadie sería capaz de afrontar una situación similar en el mundo inmediato que nos ha tocado vivir. En un mundo donde cuando algo se rompe o se pone difícil no se intenta arreglar. Se tira. Se abandona.

Seamos sinceros con nosotros mismos. Hemos cambiado la generosidad, el sacrificio y la empatía por raciones gigantescas de ombliguismo. Estamos tan pendientes de nosotros mismos que el levantar la cabeza para mirar alrededor y descubrir que estamos rodeados de otros seres humanos nos resulta una hazaña. Lo sé; no se puede generalizar. Pero sería mentir no rendirse ante esta evidencia.

¡Ala, exagerada! ¡Tampoco es para tanto! Claro. El hecho de que aparezcan fenómenos como el phubbing, es decir, la acción despreciar o ignorar a otras personas cuando se está haciendo uso del teléfono y otros dispositivos móviles; es una mera y pura casualidad. Va a ser, sí. Porque ignorar a tus amigos mientras te tomas un relaxing cup of café con leche y juegas al Candy Crush Saga no es para nada una falta de respeto hacia esos pobres diablos que te aguantan y con los que por cierto habías quedado…

Es muy triste admitirlo pero Catalina lo hubiera dejado con Antonio por wassapp en nuestros días. Y lo sabéis.

Buen viaje Catalina. Tu nombre no se borrará de la historia.

 

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