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April’s fool day

O mayormente conocido aquí como día de los santos inocentes.  Un día al año para gastar bromas, pesadas o no, con una justificación “pausible”. Como si a muchos les hiciera falta un día especial para putear a los demás. Si hay por ahí viciosos pervertidos que lo hacen todos los días de su vida.

Podría haber investigado un poco sobre el origen de este evento; aunque si he de ser sincera no me importa lo más mínimo cual sea. Mi educación de cole católico me dice que el 28 de diciembre tiene que ver con un tal Herodes, un señor rey que ante la amenaza de un posible derrocador, se dedicó a asesinar recién nacidos a diestro y siniestro. Para que luego se muriera rey y de viejo (supongo).

Pero al lío, que me enredo. Las bromas. Las putaditas. Las cajas de bombones rellenas de muelles saltarines. Los cigarrillos falsos. Las mierdas de plástico que te venden en el chino de la esquina. La llamada de tu jefe diciéndote que te cambia el turno de trabajo. La oficina empapelada con aquella foto a traición que te hicieron en la cena de la empresa. El colega que llama a su amigo en paro para citarle a una falsa entrevista de trabajo. El hijo que le dice a su madre que es gay y que por las noches se llama Sabrina. El director del banco que le deniega el crédito al emprendedor. El empresario que anuncia el cierre del negocio declarándose insolvente. La novia que decide que su padre se vestirá de Darth Vader para acompañarla al altar. La emprendedora que se despide de su trabajo porque está segura que vender fundas para teteras la convertirá en millonaria.  La poli que lleva a juicio a una pensionista por defender a los negritos manteros. La mala baba de unos y el poco sentido del humor de otros, intercambiables según la ocasión. La ocasión de ser bromista o la ocasión de ser víctima de una broma.

Como ya decía al principio no creo que haga falta un día especial para hacer/ recibir bromas. Al fin y al cabo el sentido del humor, para bien y para mal, nos acompaña todos los días del año. Es una de las pocas cosas que le pueden arrebatar a un ser humano. Y los españoles somos una prueba irrefutable de la afirmación anterior. Nuestro gobierno nos gasta bromas muy pesadas cada vez que toma una decisión y aquí nos tienes aguantando el tipo con una sonrisa y el chascarrillo en la boca. Ya saben, al mal tiempo, buena cara.

Eso sí, ya puede temblar la Tierra el día que lo perdamos.

Ya es primavera

Este es el primer post de la primavera y ya puedo no notar cómo de alterada me va a dejar este año. Porque, aunque meteorológicamente no haya sido especialmente triunfal, la entrada de la primavera del 2014 ha sido lo más parecido a un elefante irrumpiendo en una cacharrería.

Manifestaciones millonarias, duelos anticipados, policías asamblearios,  capillas ardientes, pruebas ficticias, cortejos fúnebres… ¡Barajas va a cambiar de nombre y nos va costar un millón y medio de euros!  Es realmente complicado intentar escribir hoy obviando el vacío que nos deja Adolfo Suárez, la indigna manipulación informativa que ha planeado sobre la marcha de la dignidad y la inadmisible desfachatez de los sindicatos de la policía, que han querido hacernos comulgar con ruedas de molino.

Soy demasiado joven y no viví la transición a la democracia. Tuve la enorme suerte de nacer ya en ella. Y supongo que, como todo en esta vida, no fue un proceso perfecto. Seguramente hace falta una profunda revisión, darle un giro de ciento ochenta grados.  Siempre me ha llamado mucho la atención la admiración con la que mis mayores hablan de este capítulo de nuestra historia reciente y, en concreto, de Adolfo Suárez. Para ellos supuso toda una hazaña poder realizar el cambio desde la dictadura a la democracia sin una guerra de por medio. Y el artífice de aquella heroicidad fue Suárez. Con sus luces y sus sombras.

No debió ser fácil construir una democracia en uno de los pocos países donde triunfó el fascismo. Puede que ésa sea la fuente de las imperfecciones de nuestra transición. Defectos que, aún hoy, arrastramos con naturalidad pasmosa. Es muy lamentable que la policía intente colar pruebas falsas para criminalizar a ciudadanos en plena era de la información. Me parece de cómic de Mortadelo y Filemón, como poco. Y mejor no hablar del tener que recurrir a la prensa extranjera para leer información contrastada y veraz sobre las marchas de la dignidad y la manifestación del 22M en la capital.

Pero lo más lamentable de todo, sin lugar a dudas, es comprobar que sigue triunfando el poder y la influencia de la “mayoría silenciosa”.  Tal y como explica Gregorio Morán en su entrevista para JotDown (altamente recomendable): No toda esa generación se enfrentó al régimen, pero triunfó la “oposición silenciosa”. Claro. Muy típico el “se pringuen otros”.  Esa misma mayoría silenciosa que ya no se opone, que se queja en el bar pero luego aguanta impasible lo que le echen, al son de “es lo que hay”.

Ya es primavera (soniquete de anuncio) y la sangre tendré alterada… sin embargo no puedo dejar de pensar que recogemos lo que sembramos.

Dignidad

El cercanías para en Getafe Industrial. 13:40 horas. Se sienta a mi lado un joven arregladito como pa’ ir de boda. Habla con el manos libres.

– Sí papá, ya he cogido el tren. ¡Menuda odisea! Resulta que en el polígono solo hay un bus que pasa cada hora ¡Y lo he visto irse! Me ha tocado recorrerme casi tres kilómetros para llegar a la estación…

“Pobre” pienso para mí.

– ¿La entrevista? Yo creo que bien pero, vamos, no creo que lo coja si me llaman. ¡Esto está en el quinto coño! Tendría que levantarme todos los días como a las 6:45 para poder estar a las 8. Y saldría a las 6…

“Ya, lo de madrugar qué mal se lleva”.

-Pero como es una beca, me han dicho que tendría que apuntarme a un curso en la universidad para poder hacer el convenio. Y que tiene que ser presencial. Y que me lo pague yo. Ya me contarás como lo hago para después de volver a las 7:30 de la tarde a casa, poder irme a un curso…

“Uf, en peores plazas hemos toreado, chaval”

-Vamos papá, que logísticamente es imposible poder hacerlo todo. Y si aún me pagaran bien… ¡La beca son 600 euros! No me compensa…

“Así que nos ha salido burgués el niño”

He desconectado la antena. Era necesario antes de que brotara el monstruo intolerante del desempleado de larga duración. Sí, el muchacho tenía toda la razón del mundo, no digo yo que no. Pero su conversación telefónica me ha producido el mismo efecto que el que siente un ex alcohólico delante de una botella de ginebra. La rabia se hacía fuerte dentro mí. Cuando he sentido la necesidad urgente de espetarle un “¿De qué coño te quejas? Es lo que hay, chaval. Por lo menos tienes entrevistas a las que ir, puto pringao” he sabido que tenía que dejar de escuchar.

Este irrefrenable deseo de poder emplearte, de ser un trabajador por cuenta ajena y económicamente menos dependiente nos convierte en seres dispuestos a todo.

Cuando he vuelto a casa, mi madre me contaba horrorizada la historia de Clío Almansa, una joven que se hizo una lesión grave en la espalda por intentar coger un billete de 50 euros en la fase final de un proceso de selección.  Ese billete simbolizaba el puesto de trabajo al que aspiraban ella y sus competidores. Algunas buenas competidoras, porque fue una de ellas quien llamó a la ambulancia al ver que Clío no se podía levantar del suelo. El resto lo podéis consultar en la noticia enlazada en el nombre de la joven.

Y ahora me salta la duda. ¿Hay que estar realmente dispuesto a todo por conseguir un trabajo? ¿Dónde está el límite? ¿En la humillación y la vejación?

Me arrepiento de haber condenado tanto al joven del tren. Él tenía razón. Hay cosas que, además de no poderse hacer, son imposibles.

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