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¡Qué de tiempo!

Camina por la calle deprisa, con pisada rotunda, con el paso de la que se sabe triunfadora. Chequea el móvil antes de guardarlo en el carísimo bolso que se regaló cuando descubrió los cuernos superlativos del entonces su marido. Nunca dilapidar unos ahorros habían generado tanta satisfacción.
Entra en la peluquería. Cita de pedicura. Se sienta a esperar hojeando una revista. Repasa mentalmente los puntos que deberá tratar en la presentación de la campaña con ese cliente tan soplapollas. Se levanta al escuchar su nombre y se dirige a la cabina de estética.

– Las uñas las quiero en coral y…
– ¡No me lo puedo creer! ¡Eres tú! ¡Cuánto tiempo!

Baja la vista y reconoce al instante quien le habla. El inconfundible rostro de la matona de su clase de primaria le mira como si fuera una aparición.

– ¡Vaya, qué de tiempo, sí! No te había reconocido. Estás muy cambiada…
– Tú sí que estás irreconocible, chica. Pareces una ministra por lo menos. ¿Cómo te va?
– Bueno… no me quejo. Fui a la universidad, hice un master, conseguí un buen puesto… me casé…
– ¿En serio quieres el coral? Te quedarán mucho mejor en rojo, dónde va a parar. El coral es muy soso, y de pijas

Respira profundamente. Lo que le faltaba hoy. Escuchar consejitos de choni esteticien de la tía que le había aterrorizado en el colegio.

-Haz una prueba en un dedo para ver como queda… ¿Y a ti? ¿Cómo te va?
– Desde luego no tan bien como a ti. No terminé el instituto, lo de estudiar no me iba una mierda. Desbarré mucho durante unos años, de fiesta en fiesta ¡qué tiempos! Pero me di cuenta que algo de provecho tenía que hacer en esta vida, así que me apunté a estudiar de nuevo peluquería y estética que lo de maquearme siempre me había molado. Y aquí estoy, currando en este sitio finolis…. Mucho mejor de rojo, mira

Las uñas de los dos pies pintadas de rojo.

– Pero te dije que hicieras una prueba antes…
– Claro, y como he visto que quedaba bien, he seguido. Seguro que esta noche tu marido flipa.
– Me estoy divorciando.
– Vaya, lo siento, qué bocas soy. Aunque en ese caso mejor me lo pones para dejarte el rojo, es mucho más sexy, donde va a dar…

Sale de la peluquería con uñas rojo sangre sintiéndose una mujer de mala vida. Camina como de puntillas, intentando que nadie note su presencia, haciéndola mucho más patente sin embargo. Se sabe una perdedora con delirios de grandeza, aunque no lo reconocerá ni torturándola.

Y así piensa seguir su anodina existencia.

Pequeños tesoros

La felicidad y la belleza de la vida se encuentra en los detalles, en lo pequeño aunque importante; en los tesoros donde depositamos nuestra esencia.
Los tocados son un buen ejemplo de pequeño tesoro que alberga parte de la identidad de quien lo lleva. No hay dos iguales, como no hay dos mujeres iguales. Y este hecho me parece algo extraordinario.
Puede que sólo sea la percepción de una chiflada fetichista de este accesorio femenino. Puede que el resurgimiento del tocado tenga que ver con criterios comerciales y no con la búsqueda de señas de identidad, de la diferenciación a través de lo estético.
Debo dar las gracias a Marta por darme el permiso para acompañar esta reflexión de final de día con una imagen de su precioso tocado. Su creadora es Olivilla, a la que también quiero dar las gracias por poner su buen hacer al servicio de los pequeños tesoros que son los tocados

Cuando Harry encontró a Sally

¡Qué difíciles son las relaciones entre personas! ¡Con lo guay que lo pintan en Hollywood! Todavía aquel romántico esquema “chico conoce chica, chico y chica se  enamoran” sigue vigente y, lo que es peor, amenaza con durar eternamente. Pero estarán de acuerdo en que una relación de pareja en la vida real se parece lo mismito a la de la comedia romántica que Lady Gaga a Charlize Theron ¿Por qué será? Podría ser que la comedia fuera una versión reducida de la vida real; y si este fuera el caso… ¿Por qué nadie explicó que los príncipes azules en realidad eran sapos conspiradores?

Conozco a varias chicas inteligentes, liberales, cultas, con mundo y una formación universitaria a sus espaldas que se convirtieron en “masoquistas emocionales” el día que tuvieron la suerte de toparse con un “príncipe-sapo conspirador”. Ninguna es capaz de recordar en qué momento dieron el primer paso para que les rompieran el corazón. Alguna admite, avergonzada, que cayó varias veces en la “enorme roca”, a pesar de que  lo venía venir.

“No  soy justa conmigo. Merezco algo mejor. Mucho mejor, infinitamente mejor. Valgo mucho más que para ser las migajas de un enanito, feo y cabrón” se repetía la pobre una y  otra vez, de manera casi obsesiva. Después, pone a Dios por testigo de que mañana se irá con sus amigas de marcha y se follará todo lo que se mueva. Y así es como el ciclo sin fin que lo envuelve todo termina por cerrarse.

Dicen dentro del gremio de guionistas que la realidad siempre supera a la ficción. Todo  contador de historias se basa en la primera para poder crear (o recrear, según se mire) la segunda. Si a esto añadimos la tendencia de nuestro cerebro a olvidar las experiencias negativas, se podría intuir una pseudo-explicación al fenómeno final feliz en aquellas historias que nos hablan sobre relaciones interpersonales, en concreto,  las relaciones sentimentales.

Creo que el resto ya se lo imaginan ustedes solos…

The old same story

Es la vieja historia, repetida a lo largo de todas las épocas, en todos los siglos y en cualquier lugar donde habita el ser humano. La historia que confirma la gran estupidez del hombre: queremos lo que no tenemos. Este hecho nos hace infelices para siempre, por mucho que las comedias románticas se empeñen en demostrarnos lo contrario.
¿Qué parte de realidad existe en el tan manido “chico busca chica; chico y chica se enamoran”? Lo no poseído es tremendamente más atractivo. Y no sólo en el romance se aplica este planteamiento. Es una verdad universal eso de que las morenas quieren ser rubias; tener el pelo rizado implica desearlo liso todos los días de tu vida; y si por circunstancias te tocó blanco, tú claramente preferirás negro. A lo mejor sabes porqué, o no. ¿La insatisfacción es algo intrínsecamente humano o se debe al contexto sociocultural en el que vivimos? ¿Desearán lo que no tienen en Camboya?
Hace unos días hablaba con una modelo. Me contaba que lo estaba pasando mal por culpa de un chico. Llevaba ocho años manteniendo una relación con él y parecía estar super colgada, o enamorada, como lo quieras llamar. A cambio, el no se molestaba en presentarle a sus amigos, mucho menos tener reuniones informales con su familia. Básicamente, aunque ella no sea capaz de verlo, sólo queda con él para tener sexo. Debe ser que folla de escándalo a pesar de ser feo, bajito y cabezón… además de un hijo de mala madre.
Mi gran pregunta fue ¿Por qué? No supo darme ninguna respuesta convincente. No sabía explicarme por qué había llegado a esta situación. Ella decía tener otras oportunidades con otros chicos mucho más atractivos y respetuosos. ¿Dónde estaba su autoestima? ¿Donde se dejó olvidada su dignidad? ¿En qué lugar queda el género femenino? ¿Esta chica quiere lo que no tiene o quiere lo que cree que puede llegar a tener?
Le aconsejé que dejara a ese mamón. Ella, ante mi propuesta, me miró sorprendida. “¿Cómo voy a dejar a mi gordito?”.

Vivir para ver.

Esperanza

 

Sabes que hay esperanza para la igualdad cuando te chocas con un padre que se lleva a su hija pequeña a protestar en contra de la reforma del aborto. Podremos.

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