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Summertime

Es una verdadera putada quedarse en paro el 30 de junio. Para cuando consigues reaccionar, ya está todo el pescado laboral vendido. Los empleos “estacionales” están ya asignados. Es vox populi lo difícil que es encontrar un trabajo durante el verano. Todos los gurús de la búsqueda de trabajo ya han escrito millones de palabras en posts disertando sobre esta inoportuna inconveniencia. No seré yo la que atorrone al personal.

Este post es un desahogo, una exteriorización de las emociones que circulan por este espíritu. Un pequeño reto que me impongo a mí misma. Buscar el enfoque positivo a la bonita situación en la que me encuentro.  Sonreír, poner al mal tiempo buena cara, buscar el lado bueno de vivir… No se admiten quejas. Son para seres débiles, sin coraje ni determinación. Además que pierdes un tiempo valiosísimo mientras te compadeces de ti mismo por lo injusto que es tu karma. Si tú no has hecho nada para merecer esto, no sé qué narices haces lloriqueando en vez de enseñarle al karma la verdadera senda.

Lo sé, es muy tentador hacerse un ovillo y lamerse la heridas con cara de no haber roto un plato en tu vida. ¿Qué habrá cambiado después de la ración de autocompasión? Espera, déjame adivinar… seguramente que lo más probable es que sea NADA. Seguirás en el mismo sitio con menos tiempo y con la fuerte tentación de volver al ovillo al descubrir tu realidad lamentable. Por si no lo has entendido, el ovillo se convierte en una espiral de pseudo huída, de la que no conseguirás ninguna respuestas y sí remordimientos sazonados con fuertes dolores de cabeza.

Amigos, esto es el libre albedrío. La capacidad que tenemos como seres para elegir nuestro destino. La libertad para ser ovillos o dueños de nuestras decisiones. Decidir y asumir las consecuencias. Por ejemplo:

Estás sentada delante del televisor y los hermanos festivaleros emprendedores del anuncio de la Estrella Damm te cantan. La canción se mete en tu cabeza:

- “If you wanna come back, it’s all right…”

¡Claro! ¿Quién no volvería al chiringo cooltureta de los hermanos buenorros? Aunque odies la cerveza. Aunque las calas escondidas llenas de modernos te produzcan un sarpullido. El chiringuito festivalero es una bonita metáfora de la gran recompensa que te da la constancia y mantenerte firme a la hora de conseguir lo que te propones; sumado a que es mucho mejor si lo compartes con los que tienes a tu alrededor.

Este verano vuelvo a estar en paro. Buscaré trabajo. Escribiré. Tomaré fotos. Daré rienda suelta a mi libre albedrío.

Nada impedirá que baile en mi chiringuito festivalero.

 

Casilla de salida

Cacharreando hace un rato en Internet me he encontrado con este tweet de Alejando Suarez (@alejandrosuarez):

“Hay dos tipos de personas, los que comienzan enero el día 1 y los que lo hacen el día 7″.

No he podido reprimir una sonrisa y acordarme de mi charleta del día anterior con un amigo.  La conversación de la “casilla de salida” nos tuvo entretenidos más de la mitad del café del día de Reyes. Cuando llega el nuevo año es inevitable hacer un ejercicio de balance del saliente y estrenar bonitos propósitos que nos hagan más felices a medio o largo plazo.  Sí, la teoría es preciosa pero…  ¿qué pasa cuándo tu situación vital está, digamos, algo estancada?

Pongámonos en situación. Estás en el paro. Llega diciembre y el mundo entero se confabula para ser feliz, solidario y atrocidades varias. Tú entras en el juego, arrastrado por el ritmillo pegadizo del “Jingle Bell Rock”,  acabas engullendo polvorones, abrazando a tu cuñado y borracho de frivolidad. Y entonces, llega el 7 de enero. La población activa vuelve a la normalidad, a la aburrida rutina del trabajo. Eso es, ¿Qué pasa contigo? No tienes ningún lugar al que volver, loser. Tienes la misma cara que cuando te tocó volver a la casilla de salida en el juego de la Oca.

No importa cuánto tiempo lleves desempleado, la sensación siempre es la misma.  El mundo ha vuelto a girar y te ha dejado en tierra. Ains, qué desconsiderado por su parte. Ante tremenda situación tienes dos opciones: buscar la manera más indolora de desaparecer del planeta, poco recomendable; o bien enfrentarte a la casilla de salida de la manera más honrosa que se ocurra.

Porque realmente no importa cuántas veces vuelvas a ella. Estar ahí es ya signo de que estás jugando.  Que no te has rendido por muy jodidas que te las hayan puesto.  Que no has fracasado y que  no vas a dejar que nada ni nadie te derrote.

Así que… ¿Empiezas el año el 1 o el 7? ¿Vaso medio lleno o medio vacío?

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