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Confía

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Somos seres sociales. Necesitamos de los demás. Que no te la den con patatas los libros de autoayuda. Aunque el poder esté dentro de ti, no viene mal una mano amiga que te lo recuerde de vez en cuando.

Romance

Rompió a llorar.

-No es verdad. Yo no soy así.

-Venga, ¿a quién pretendes engañar? Tú eres un ser romántico por mucho que lo niegues.

-No. Ser romántico te hace débil. No quiero ser débil.

-No me vendas esa moto de la debilidad. Eres fuerte cuando te muestras sin trucos, sin escudos, sin máscaras que escondan lo auténtico. Sin miedo

No contestó. No merecía la pena perderse en toda aquella palabrería vacía de sentido. Uno puede decidir qué ser en esta vida. Y hacía bastante tiempo que había desechado el romanticismo como adjetivo para definirse. Precisamente por esta razón le fastidiaba que le vinieran con “Si en el fondo eres una romántica, aunque vayas de tipa dura”. No, no no y mil veces no.
Sólo era una mujer. Sin más. No había leído 50 sombras de Grey, no esperaba que vinieran a rescatarla a lomos de un corcel blanco y ni siquiera estaba intentando buscar a Harry.
El hecho de ser joven y de estar en edad fértil no es vinculante con el deseo de tener un idilio. ¿O sí?

Tocayos

Tocayos

La vida nos regala instantes hermosos. Muchos de ellos se esconden en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo sencillo, en la rutina. ¿O será el empeño en encontrar lo extraordinario lo que nos hace perdérnoslos?

Cuando Harry encontró a Sally

¡Qué difíciles son las relaciones entre personas! ¡Con lo guay que lo pintan en Hollywood! Todavía aquel romántico esquema “chico conoce chica, chico y chica se  enamoran” sigue vigente y, lo que es peor, amenaza con durar eternamente. Pero estarán de acuerdo en que una relación de pareja en la vida real se parece lo mismito a la de la comedia romántica que Lady Gaga a Charlize Theron ¿Por qué será? Podría ser que la comedia fuera una versión reducida de la vida real; y si este fuera el caso… ¿Por qué nadie explicó que los príncipes azules en realidad eran sapos conspiradores?

Conozco a varias chicas inteligentes, liberales, cultas, con mundo y una formación universitaria a sus espaldas que se convirtieron en “masoquistas emocionales” el día que tuvieron la suerte de toparse con un “príncipe-sapo conspirador”. Ninguna es capaz de recordar en qué momento dieron el primer paso para que les rompieran el corazón. Alguna admite, avergonzada, que cayó varias veces en la “enorme roca”, a pesar de que  lo venía venir.

“No  soy justa conmigo. Merezco algo mejor. Mucho mejor, infinitamente mejor. Valgo mucho más que para ser las migajas de un enanito, feo y cabrón” se repetía la pobre una y  otra vez, de manera casi obsesiva. Después, pone a Dios por testigo de que mañana se irá con sus amigas de marcha y se follará todo lo que se mueva. Y así es como el ciclo sin fin que lo envuelve todo termina por cerrarse.

Dicen dentro del gremio de guionistas que la realidad siempre supera a la ficción. Todo  contador de historias se basa en la primera para poder crear (o recrear, según se mire) la segunda. Si a esto añadimos la tendencia de nuestro cerebro a olvidar las experiencias negativas, se podría intuir una pseudo-explicación al fenómeno final feliz en aquellas historias que nos hablan sobre relaciones interpersonales, en concreto,  las relaciones sentimentales.

Creo que el resto ya se lo imaginan ustedes solos…

Catalina, la grande

Hoy es un día triste. Ha muerto Catalina,  amiga de mi abuela desde que eran niñas. Fueron juntas a la escuela, trabajaron en la misma fábrica y sus maridos eran muy buenos amigos. Aunque alguien quiso que Antonio pasase veinte años en la cárcel por pensar diferente y; a pesar de todo, Catalina esperó a su amor. Prometió esperarle una vida entera. Afortunadamente para ambos no fue necesario. Antonio pudo estar con Catalina, darle un hijo y beber toda la felicidad que les habían arrebatado aquellos malditos veinte largos años. Junto a ella.

Cuando pienso en Catalina y en su historia no puedo evitar preguntarme qué es lo que estamos haciendo con nuestras relaciones. Trato de imaginar una situación similar a la de Catalina en nuestros días y me resulta demasiado ficticia.  A lo mejor me equivoco (ojalá) pero creo que nadie sería capaz de afrontar una situación similar en el mundo inmediato que nos ha tocado vivir. En un mundo donde cuando algo se rompe o se pone difícil no se intenta arreglar. Se tira. Se abandona.

Seamos sinceros con nosotros mismos. Hemos cambiado la generosidad, el sacrificio y la empatía por raciones gigantescas de ombliguismo. Estamos tan pendientes de nosotros mismos que el levantar la cabeza para mirar alrededor y descubrir que estamos rodeados de otros seres humanos nos resulta una hazaña. Lo sé; no se puede generalizar. Pero sería mentir no rendirse ante esta evidencia.

¡Ala, exagerada! ¡Tampoco es para tanto! Claro. El hecho de que aparezcan fenómenos como el phubbing, es decir, la acción despreciar o ignorar a otras personas cuando se está haciendo uso del teléfono y otros dispositivos móviles; es una mera y pura casualidad. Va a ser, sí. Porque ignorar a tus amigos mientras te tomas un relaxing cup of café con leche y juegas al Candy Crush Saga no es para nada una falta de respeto hacia esos pobres diablos que te aguantan y con los que por cierto habías quedado…

Es muy triste admitirlo pero Catalina lo hubiera dejado con Antonio por wassapp en nuestros días. Y lo sabéis.

Buen viaje Catalina. Tu nombre no se borrará de la historia.

 

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